Andrea Princesa... Samantha Príncipe

Cuenta Regresiva

Cinco años atrás…

 

-No puedo creer que hayamos pasado todo el día en el río… ¡Mira mis manos! ¡Parecen de anciana! –acercó sus manos para que Samantha las mirara.

-Así ya las tenías desde antes de entrar al río –dijo burlonamente.

-Ja ja ja… Siempre tan graciosa.

-¡Vamos Christina! ¡Solo bromeo! Todos sabemos que tienes las manos más hermosas de todo el colegio.

-Ya no quieras arreglarlo… -amenazó con una sonrisa.

-Entonces…

-¿Entonces qué? –preguntó Christina mientras comenzaba a quitarse los zapatos mojados.

-¿Cuándo le vas a decir a Alexander que te gusta?

-¡¿Qué?! Sabes que tu hermano no me gusta.

-¡Oh, vamos! Se te nota a leguas que te gusta, aprovecha que lo tienes en la habitación de frente.

-¡He dicho no, Samantha! –habló con un tono malhumorado.

-Ok… No era para que te enojes, pero mientras más lo niegues…

-¡Ok! Tú ganas, sí, posiblemente me esté gustando tu hermano, aunque se escuché raro, tu hermano se ha puesto muy guapo últimamente… ¿Cuánto ha crecido los últimos meses?

-Mucho, solo espero no quedarme tan pequeña.

-Ya lo alcanzaremos, ya verás.

-¿Entonces cuándo le vas a decir que te gusta?

-Algún día.

-Como quieras –bofó-. Mira la foto que tomé –Samantha le acercó la cámara-, ¿te gusta?

-Nos vemos bien los tres, deberías enviármela por correo electrónico para llevarla a imprimir, se vería bien en un cuadro… De hecho, la pondría justo en el pasillo de afuera.

-¿Cuándo vas a dejar de presumirme que tienes correo electrónico?

Samantha se acercó a Christina, la empujó a la cama jugando y ambas se sentaron una frente a la otra, Christina la miró sonriendo y le entregó la cámara.

-Ya te dije que es fácil tener uno.

-Lo sé, pero yo siempre seré amante del correo real.

-Qué anticuada eres –suspiró-. ¿Sabes por qué no puedo decirle a Alexander que me gusta?

-No, no tengo idea.

-Porque me da miedo.

-Miedo a…

-A que me rechace, no creo que yo sea la chica ideal para él.

-Mira, sé que mi hermano se está haciendo de una famita de rompecorazones, pero nada que ver, él es igual de miedoso que tú, solo necesita encontrar a la chica adecuada y apuesto que esa serás tú. ¿Sabes lo genial que sería ir como dama de honor a su boda?

-¿La de él con quién?

-¡Boba! Pues a la de ustedes dos.

-Eso sería de ensueño –suspiró de nuevo-, pero no sé.

-¿No sabes qué?

-¿Qué tal si no le gusto?

-¿Gustarle? Christina… ¿Te has mirado a un espejo últimamente? Estás hermosa.

-Eso lo dices tú porque eres mi amiga.

-No, lo digo porque soy un ser humano con la capacidad de discernir entre lo bello y lo feo, aunque soy fiel a pensar que estas dos características depende de la persona que aprecia.

-¿Y si lo apreciado no es tan hermoso?

-¿Por qué eres tan negativa?

-Me gusta llamarlo pensamiento crítico.

-¿Pues entonces deja de ser tan criticona?

-Eso no tiene nada que ver con pensamiento crítico.

-Ya sé, yo también fui a esa clase… Solo juego.

-Oye… Suponiendo que me diga que sí… ¿Qué tengo que hacer?

-Pues no se… ¿Qué se supone que te gustaría hacer?

-Besarlo –contestó con un tono bochornoso.

-Pues bésalo.

-No sé.

-¿No sabes qué?

-¡Pues besar!

-Es fácil.

-¿Has besado ya a alguien?

-¡¿Yo?! –sosegó un par de segudos-, ¡No! Bueno sí.

-Samantha ¿eso por qué no me lo habías contado?

-No fue nada importante.

-¿Quién fue? ¿Lo conozco?

-No fue nadie… Solo un... chico nada importante.

-¿Y cómo fue? –preguntó Christina entusiasmada.

-Fue solo un beso, igual y me lo había imaginado diferente.

-¿Y?

-Lo único que te puedo decir es que debe ser con una persona especial para que funcione de verdad, como en esas películas de amor. No lo debes pensar mucho, solo hacerlo y sentirlo… Dejarte llevar es lo único que te puedo aconsejar.

-No lo sé –apretó sus labios-, posiblemente lo haga mal, siempre hago todo mal.

-No lo harás mal, confío en ti.

-Pero yo no.

-¡Hagamos algo! –gritó Samantha.

-Baja la voz.

-Ok, mira, hagamos una simulación… Imagínate que yo soy Alexander.

-Eso no va a ser difícil… Parecen que los hicieron con el mismo molde –comenzó Christina a reír a carcajadas.

-Pues si no quieres que te diga…

-Ok, ya. Escucho.

-Imagínate que soy Alexander, ¿ya?

-Ok, ya.

-Bésame, y si lo haces bien yo te diré.

-¿Cómo vas a saber si lo hice bien si no tienes con quien compararme? No creo que ese con el que te besaste sea el mejor ejemplo.

-Pues no, pero yo sé que lo sabré.

-¿Cómo?

-Tú solo bésame.

Christina se acercó lentamente a Samantha y cerró los ojos con tanta fuerza como si estuviera a punto de recibir un golpe, Samantha por otra parecía estar más que relajada. Apenas el roce de los labios de ambas chicas se concretó cuando Christina hizo un retroceso y abrió los ojos.

-Samantha, esto no va a funcionar.

-Ok, no te voy a obligar.

Christina la miró desconcertada y antes de que Samantha se alejara un centímetro más, la tomó de la camiseta, blanca que justo ese mismo le había regalado, y la jaló hacia ella. Los labios de amabas se juntaron pero permanecieron superficialmente sin hacer nada hasta que Christina puso sus brazos sobre los hombros y detrás de la nuca de Samantha, entonces allí comenzó a besarla de una manera tan inocente y dulce. Por bastantes segundos amabas siguieron el juego, realmente parecía estar funcionando, pero cuando Samantha sintió que aquello estaba superando lo que se suponía que solo debía ser un juego decidió parar. Samantha separó un par de segundos sus labios, pero Christina se abalanzó e hizo que cayera.

-Christina…

Christina siguió besándola hasta que finalmente Samantha logró zafarse y salir de aquella posición tan comprometedora.

-Christina…

-Eso fue…

-Sí besas bien… Muy bien, pero creo que te pasaste un poco –dijo Samantha preocupada.

-Sentí como si mi corazón se fuera a escapar de mi pecho.

-Pues el mío también… ¡Qué susto me diste!

-¿Susto? ¿No te gustó?

-Ese no es el caso, es que te… sentí extraña.

-A mí me gustó mucho, ¿podríamos hacerlo otra vez?

-¡No! solo era un juego Christina, para saber si eres buena besando y si lo eres, a mi hermano le encantará.

-Pero creo que a mí me encantó más contigo.

-¿Qué?

-Bueno, no he probado con Alex, pero apuesto que si lo hiciera me gustaría más contigo.

-No Christina, no te equivoques, tu eres mi mejor amiga.

-Sería lo mismo con Alexander.

-Es diferente.

-¿Por qué él es hombre?

-No, sabes que yo pienso que el amor rompe géneros… Pero en todo caso es eso, amor, yo te quiero, e incluso te amo, pero como amiga.

-Samantha, yo…

-No, amigas… Solo amigas. Chris, sabes que eres más que una amiga, eres como mi hermana, nos conocemos desde que estábamos en la primaria, no quiero arruinar lo nuestro, ¿de acuerdo? No hay que pelearnos por algo tan estúpido, siempre seremos amigas… ¿no?

-Siempre.

 

Actualidad…

 

-¿Siempre? Creo que esa palabra ya no tiene mucho sentido ahora… ¿Verdad Samantha? ¡Oh! ¡Sí! Estás inconsciente.

El ruido de la noche se entremezclaba ahora con el del cuerpo de Samantha friccionando con la tierra de suelo, Christina debes en cuando se agotaba y dejaba salir todo el aire de sus pulmones.

-Eso de que pesa más un muerto que un vivo es pura mentira, el secreto está en que el muerto no ayuda con su propio peso, o en este caso la media muerta.

Mientras seguía arrastrando el cuerpo de Samantha y dando tropezones siguió recordando y hablando en voz alta como si esta la estuviera escuchando.

-Sí, me rechazaste esa noche… Luego paso lo de la maestra de educación física… ¿Te gustó más besar a una anciana que a mí? ¡Qué asqueroso! Y claro, después de eso también me rechazó Alexander… ¡Qué irónico! Y yo que solo iba por Alexander en un principio. ¡¿Qué soy tan poca cosa para ustedes dos?! ¡Jamás van a encontrar a alguien como yo! ¡Tan especial! ¡Tan única! Pero a la primera de cuentas los dos ¡los dos! Se enamoran de ese gnomo de feria barata.

Justo al llegar a la puerta Christina se detuvo, respiró hondo y finalmente se cargó sobre la espalda a Samantha, dio unos cuantos pasos estando a punto de caer pero cuando logró llevar el ritmo se le hizo fácil llegar a la puerta del sótano, se agarró cuidadosamente del manubrio de las escaleras y llegó hasta donde estaba el sillón viejo. Tiró a Samantha justo a un lado de este, caminó hasta donde estaba una cinta gris, regresó y se arrodilló a su lado.

-Pero qué sucia te ves mojada y con toda ese lodo, y esa sangre… ¿sangre?, tienes mucha suerte Sam, si no te hubieras resbalado con esa tonta piedra mojada estoy casi segura que esa bala hubiera atravesado la cabeza, bueno, hubieses tenido más suerte si al caer no te hubieras golpeado la cabeza, ¿verdad? Ahora ¿Qué iré a hacer contigo?, ya veo que no puedo confiar en ti, ¡Acepto que no me amas y jamás lo harás! Pero no voy a dejar que regreses con esa bastarda de Andrea, no, eso no. Ni tú ni Alexander pueden estar con ella, con ¡Nadie! ¡Los dos me dijeron no! ¡Los dos se irán al infierno justos!

Christina comenzó a enrollar las muñecas y los pies de Samantha para inmovilizarla cuando despertara y justo antes de taparle la boca con cinta la observó y acarició en la mejilla.

-Te advierto que no tengo nada contra Andrea, pero si se interpone en mi camino terminará en la misma fosa donde los entierre a los dos.

Una vez que hubo tapado la boca de Samantha se encaminó a subir las escaleras y volvió a dirigirse de nuevo a Samantha como si esta realmente estuviera despierta.

-¡Perdón por dejarte en el suelo! ¡Pero el sillón es para Alexander, tu hermanito! Me encantaría hacerle unas cuantas preguntas antes de… Bueno, tú ya sabes.

 

-¡Andrea! Será mejor que te lleve a un hospital, estás teniendo un ataque de pánico, ansiedad o algo así.

-No Carly, estaré bien.

-Será mejor que llame a alguien.

-¡No! en serio, estoy bien, ya se me está pasando.

-¿Segura?

-Segura. Bueno, en un par de horas declaro en el ministerio público, será mejor que…

-Ya sé, ya me voy, pero así como estás tendré que acompañarte.

-No, estaré bien, ya me siento mejor ¿Ves? –se levantó-. Estoy bien.

-Bueno, al menos te pediré un taxi, yo te ofrecería mi coche pero no creo que estés bien para manejar.

-¡Eso sería genial¡

-¿Qué te pida el taxi?

-No, que me prestes tu coche, me gustaría pasar a otros lados antes de ir al ministerio, si no es mucho pedir.

-Yo y mi bocota, no creo que sea buena idea.

-¡Por favor, Carly!

-Ok, pero si pasa algo házmelo saber.

Carly se puso de pie y rápidamente se sacó las llaves del bolso, la abrazó y se caminó hacia la puerta.

-¿Sí sabes cuál es mi coche, verdad?

-Sí, no te preocupes, no me llevaré el de nadie más, aunque quisiera.

 

Antes de pasar al ministerio Andrea decidió pasar al departamento de Samantha, pero no sin antes llamar a su madre y confirmar que todo estaba bien. Aquello que había tenido solo lo había experimentado en una ocasión, y había sido cuando su hermana había muerto, recordaba que durante días había sentido aquello; sus padres la habían llevado a varios doctores pero ninguno había dado con lo que tenía; así de la nada un día dejó de sentirlo, pero ese mismo día un par de policías habían llegado a la casa preguntando por Valeria Collins; en aquel momento sus padres no sabían de ella, a veces no lo sabían durante semanas, ella se iba y nunca decía dónde o con quién estaba; desgraciadamente los policías si sabían dónde estaba, y la tenían en la morgue.

 

Desde aquello ese ataque de miedo jamás había vuelto, o al menos no hasta ahora. Sabiendo que sus padres estaban bien comenzó a pensar en Samantha, pero después también en Alexander y luego en Ameli y luego en Rafael y luego hasta en Lucas. Su mente parecía querer estallar y antes de comenzar a establecer llamadas decidió llegar al departamento y mejor hacer las llamadas desde allí y mucho más tranquila, o posiblemente la que terminaría en un muy mal accidente sería ella por ir hablando por celular mientras manejaba.

 

Cuando llegó y abrió la puerta del departamento todo se veía tan pacífico como lo recordaba; cerró la puerta y se dirigió hasta la cocina para tomar un vaso y tomar un poco de agua; estaba tan distraída pensando en todas las llamadas que desde que pensó en Samantha ya se habían sumado a su lista que de un momento a otro tropezó con sus propios pies y dejó caer el vaso que para su mala suerte era de cristal. En ese instante Andrea enfureció y tomó un pedazo de papel para poder recoger el pedazo más grande de cristal, aún y con eso la delgada capa de cristal logró atravesar el papel y le dio un pinchazo que no tardo ni un solo segundo en sacar una delgada línea de sangre que comenzó a escurrir por todo el dedo.

 

Asustada tomó otro pedazo de papel y se lo enrolló en el dedo, miró por todos lados intentando encontrar una cinta para que el papel no cayera pero no miró nada a simple vista; comenzó a buscar entre todos los cajones lo que fuera; entonces encontró un cajón con un montón de cosas variadas, allí había desde lápices hasta pequeñas estampillas de correo; comenzó a revolotear entre todas las cosas cuando percibió que un plumón negro y secó se encontraba sin tapa, lo tomó y se acercó a la basura para tirarlo, regresó y justo al instante se le hizo imposible no ver unas grandes letras negras que decían Christina; quitó todas las cosas que le estorbaban y al fin logró mirar el mensaje completo; su cuerpo se pasmo y no dejó de ver aquel mensaje de “Christina me secuestro” una y otra vez en su mente. Corrió rápido hasta su bolso, tomó el celular y lo primero que hizo fue marcar al número de Alexander.

 

-¿Segura que te dieron bien la dirección Christina?

-Ya te lo dije Alex, me dijeron que la habían visto cerca de ese motel, de hecho allí mismo hay una gasolinera.

-No, te dijeron que habían visto un Mini Cooper rojo, eso no significa que se trate de Samantha.

-¿Cuántos Mini Coopers rojos has visto últimamente?

-Ok. Bueno, será mejor que le avise a Andrea para que esté enterada.

Christina se malhumoró al instante al escuchar el nombre de Andrea, respiró hondo y trato de parecer lo más tranquila que pudo.

-No, para que la alteras, que tal si no es ella.

-Pensé que estabas muy segura de eso.

-Bueno, hay que tener la duda.

En segundos el celular de Alexander comenzó a sonar a todo volumen, Alexander intentó contestar pero jamás había sido bueno hablando mientras manejaba o al menos no podía dejar de tener las dos manos al volante.

-Christina, ¿podrías prender el bluetooth para contestar en el altavoz del coche?

-Jamás vas a poder concentrarte en dos cosas al mismo tiempo, pero seguro.

Una vez que el bluetooth fue encendido la llamada se contestó por sí sola y la voz de Andrea inundó todo el automóvil.

-Alexander, necesito que escuches claramente lo que te voy a decir, pero creo saber dónde está Samantha, bueno no, pero sé quién la tiene, yo, encontré un mensaje… de Samantha, Christina tiene que ver con todo esto, ella la tiene, la secuestró; ¿me entiendes? Christina está loca.

La voz de Andrea parecía ir demasiado en serio; Alexander se pasmó y trató de no mirar hacia el lado de Christina, pero la final terminó haciéndolo.

-¿Qué pasa Alexander? Parece que viste un fantasma, no te preocupes… Pronto verás un montón.

Al pronunciar esas últimas palabras Christina se abalanzó sobre Alexander y giró bruscamente el manubrio, Alexander trató de mantenerlo derecho pero terminó haciéndolo tan fuerte que el coche se encaminó en sentido contrario haciéndolos salir de la carretera y directo hasta un enorme árbol. El impacto fue inminente y el sonido ensordeció del otro lado de la llamada, en cuestión se segundos las bolsas de aire ya se habían activado pero habían dejado inconscientes a ambos.

-¡¿Alexander?! –gritó Andrea del otro lado de la llamada.

Christina fue la primera en recobrar la conciencia, sacó de su pantalón una pequeña navaja suiza y ponchó la enorme bolsa blanca que oprimía su pecho; bajó la pestalla del cubre sol y se miró al espejo para ver solo un poco de sangre saliendo de su nariz; se limpió cuidadosamente y con toda la calma del mundo mientras Andrea seguí gritando del otro lado de llamada; Christina furiosa acercó el dedo al botón de bluetooth sin antes dirigirse hacia Andrea.

-Cállate perra.

Al presionar el botón la llamada se cortó al instante; después de eso y siendo cuidadosa de no llamar la atención salió del hermoso Mercedes rojo que tenía toda la parte frontal hecha pedazos; vio que la carretera parecía vacía y rápidamente se dirigió hasta donde estaba Alexander, poncho la bolsa de aire y lo sacó arrastrando hasta dejarlo del lado del copiloto; regresó a la parte del conductor y se sentó para intentar prender el coche, teniendo éxito al segundo intento. Una enorme sonrisa iluminó la mirada de Christina; regresó rápidamente a donde había dejado a Alexander y lo metió en el asiento, todo parecía estar saliendo como la había planeado.

 

Andrea se estaba paralizando por lo que había escuchado, aquello había sido claramente un accidente y esa voz era sin duda la de Christina; en sus manos temblorosas seguía teniendo aún el celular y como pudo intentó marcar el número de la policía pero le era imposible poder mover los dedos, se había entumecido y todo parecía estar flotando en un universo paralelo. Las lágrimas comenzaron a escurrirle por ambas mejillas y su corazón comenzó a acelerarse de una manera sobrenatural, el miedo comenzó a regresar, su respiración se volvió incontrolable y de un momento a otro se le doblaron las piernas; el celular salió rodando por el suelo cuando las manos de Andreas se tumbaron sobre el suelo para impedir que cayera de lleno. La sensación que tanto odiaba había regresado y no pudo hacer otra cosa más que gritar como si hubiera perdido el juicio.

 

Cuando Samantha abrió por fin los ojos todo se veía tan borroso, su mirada parecía estar cubierta por una ligera capa trasparente de papel celofán arrugado, abrió y cerró los ojos hasta que finalmente pudo ver algo entre todo aquello; intentó moverse pero fue imposible; quiso tocarse la cabeza por el dolor pero también le fue imposible; giró la cabeza y vio el brazo de alguien atado al sillón viejo en el que horas atrás había estado sentada; intentó averiguar de quien se trataba, se quiso arrastrar pero sintió como su espalda baja ardía, como si la hubiesen tallado contra el suelo; pero entonces miró atentamente aquel reloj costoso de aquella marca que lograba recordar, ese reloj le resultaba tan familiar, era edición limitada y su padre lo había comprado en una subasta en Los Ángeles, y se lo había dado como regalo a su hermano. Entonces todo tuvo conjetura, aquella mano era la de su hermano, y viéndolo así, sí, esa mano sin duda era la de su hermano; sin importar el dolor de la espalda comenzó a resbalarse por el suelo para poder mirar claramente, rezó una y otra vez para que estuviera equivocada, pero antes de poder llegar hasta donde quería la puerta del sótano se abrió dejando entrar toda esa luz del pasillo, entonces notó que también ya se había vuelto de noche.

-Tic toc y el reloj marcó la hora de la diversión –pronunció Christina con un tono aterrador mientras bajaba las escaleras-. Ya veo que te diste cuenta que traje a tu hermanito, no te quería ver tan triste y solita. En fin, será mejor que lo despertemos, justo ahora comienza la cuenta regresiva, ya todo es solo cuestión de tiempo.

Samantha la miró directo a los ojos con tanta furia, luego sus ojos comenzaron a quebrarse en lágrimas, y sin hacer más se rindió; cerró los ojos y pidió a Dios que la despertara de ese horrible sueño.