Andrea Princesa... Samantha Príncipe

El Amor es la Enfermad de la Locura

-¡Déjame ir Christina! ¡Te vas a arrepentir de esto! ¡Necesitas ayuda! ¡Estás mal! ¡Todo en tu maldita cabeza está mal!

-¡Sigue gritando Sam, nadie te va a escuchar! –respondió Christina en tono de burla.

Aquello que decía Christina era tan cierto, pues la casa prácticamente se encontraba en la nada; después de la entrada hacia el camino de la vieja casa solo había unos cuantos kilómetros de señal de celular, después de eso no había nada. Samantha en ningún momento había perdido la esperanza de salir de aquel lugar, aunque también era cierto que no esperaba que su hermano o Andrea llegaran a salvarla, para todos ella había huido. No podía creer que apenas unos días atrás estaba en el hospital esperando por la visita de Andrea y le era devastador que la última vez que la había visto las cosas no terminasen tan bien. Pero la visita que nunca había esperado aquel día era la de Christina quien al principio parecía una visita cualquiera, pero todo había cambiado cuando esta le apuntó con una arma y la amenazó con matarla a ella. Aquella amenaza no hizo mucho sobre ella, pero cuando le dijo que si no lo hacía mataría a Andrea las cosas tomaron otro sentido, luego la obligo a escribir la tan dichosa carta y finalmente la sacó casi arrastrándola por un camino que había trazado perfectamente para evitar las cámaras “Son los puntos ciegos –decía Christina una y otra vez.”

 

Al principio la propia Christina parecía tener todo tan planeado como si lo hubiese tramado durante meses, pero cuando llegaron a su apartamento buscando las llaves del coche para poder desaparecerlo y que su huida fuera más realista, fue cuando encontraron a Andrea dormida. La intención de Samantha en ese momento fue alertar a Andrea, pero Christina se acercó hacia donde ella dormía y le apunto con la pistola “Haz lo que te dije o te juro que disparo y le desfiguro esa linda cara que tiene–le dijo mientras quitaba el seguro del arma.” Samantha desconsolada solo camino hasta los cajones de la cocina donde en uno de ellos metía cualquier baratija que se le ocurría, entre ellas la copia de la llave del Mini Cooper, sin embargo, antes de cerrar el cajón y en un descuido de Christina aprovechó para escribir un mensaje con un plumón que encontró; sobre la base del cajón había escrito:

“Christina me secuestró”

 

Aquello fue lo único que alcanzó a escribir antes de que Christina la apurara a salir del departamento, después de eso rezaba una y otra vez que Andrea leyera el mensaje que se encontraba debajo de todas aquellas cosa, o sino jamás nadie la encontraría.

 

-¿Carly? –fue lo único que le nació decir a Andrea cuando vio a lo lejos que se acercaba.

-Hola Andrea –dijo Carly en un tono bastante plano.

-No pensé que fueses a venir a visitarme, mucho menos aquí.

-Ameli me dijo dónde te quedas a veces…

-Ameli…

-Sí, yo solo vine a pedirte disculpas.

-¿Por qué? –Preguntó Andrea sin sorpresa.

-Creo que por ignorarte, sé que es ahora cuando más necesitas de tus amigos y… yo no fue muy buena amiga, de hecho, fue una terrible amiga.

Andrea sabía que pronunciar esas palabras le estaba costando una eternidad, pero en ese momento no había nada que decir por parte de ella.

-Yo, me pelee con Rafael y creo que rompimos o algo así…

-Lo lamento… -Andrea apretó los labios.

-Realmente siento algo muy fuerte por Rafael y desde que no me habla lo he extrañado muchísimo, siento que si no regresa a mí me voy a morir; quiero pensar que es eso exactamente lo mismo que sientes por esta chica… Samantha.

-Es exactamente lo que siento –respondió en segundos Andrea.

-Por eso es que no puedo juzgarte, porque lo que sientes es amor… Como el mío por Rafa, y yo, trataré de no mirar en Samantha una chica sino simplemente una persona.

-Carly…

-¿Me perdonas? Solo quiero escuchar la respuesta y te juro que si es un no yo me iré para siempre y jamás te volveré a molestar.

-Carly, obviamente mi respuesta es sí, no eres la única a la que le ha costado trabajo esto… ¡Es más! Yo misma he sentido a veces que no puedo con ello, pero cuando la veo yo sé que nada de eso realmente importa.

Carly comenzó a llorar de la nada y se abalanzó sobre Andrea para abrazarla, y haciendo que Andrea también comenzara a llorar.

-¿Y tú por qué lloras? –le preguntó a Andrea.

-Por todo… por esto, por mi padre que hoy se lo llevan para tomar declaración, por Samantha que no sé dónde está…

-¡Espera! –la alejó y la tomó por los brazos-. ¿Qué quieres decir?

-Es una larga historia.

-Pues me la vas a tener que contar si quieres que te ayude en algo.

Andrea finalmente aceptó, le sonrió y la invitó a pasar.

 

La puerta finalmente se volvió a abrir y Christina descendió hasta donde estaba Samantha.

-Sam… Ya sé que te dije que nadie te va a escuchar, pero si no dejas de gritar voy a verme en la necesidad de taparte otra vez la boca.

-¡Déjame ir!

-De ninguna manera.

-¿Entonces qué vas a hacer conmigo?

-Aún no lo he decidido.

La mirada desalentada de Samantha se inclinó y dejó salir una bocanada de aire antes de volver a mirar los ojos penetrantes y color ámbar de Christina.

-Tú ganas –le dijo a secas.

-¿Qué significa exactamente eso, Sam?

-¿Me quieres? Entonces… aquí me tienes, solo para ti y solo tú para mí.

-Explícate –le ordenó.

-Ya no quiero nada con Andrea, solo contigo, como en los viejos tiempo, solo tú y yo.

-¿Por quién me tomas? ¿Crees que nací ayer? No soy tonta, y si piensas jugar con mi mente créeme que no lo vas a hacer.

Christina se dio la media vuelta y comenzó a subir de nuevo las escaleras y justo cuando tomó la manecilla de la puerta Samantha le gritó.

-¡Espera! Si te quedas podemos terminar lo que empezó aquel día.

Christina se quedó pasmada ante tal propuesta, alejó su mano y simplemente cerró la puerta con llave, volvió a bajar y se paró frente a Samantha.

-¿Cómo sé que no me estás mintiendo? –le preguntó con la mirada fija en sus ojos.

-Suéltame y lo comprobarás.

Christina lo pensó bien durante un par de segundos, miraba a Samantha y prácticamente le era imposible decir que no a semejante escultura femenina; apretó la mano derecha sintiendo como la llave se marcaba en su piel: finalmente la tomó y se la metió en el bolsillo del pantalón y se decidió por comenzar a desatar a Samantha.

 

Cuando quedó por fin desatada Samantha se puso de pie y comenzó a caminar hacia atrás, siendo que de alguna manera le aterraba lo que le pudiese hacer Christina. Esta solo sonrió y comenzó a acercarse hasta Samantha, la miró fijamente a los ojos y se acercó tanto hasta finalmente tenerla contra la pared. Ambas se miraban penetrantemente y Samantha le pedía a Dios que no fuera a sacar una navaja de la nada. La mano de Christina subió hasta su mejilla y comenzó a delinear su curvatura delicadamente; se acercó a milímetros del rostro de Samantha y suspiró tan hondo antes de plantarle un delicado beso.

 

Samantha en ningún momento cerró los ojos, simplemente le aterraba cerrarlos. Christina se alejó y observó su expresión inmóvil, le volvió a sonreír y le plantó un segundo beso pero esta vez mucho más profundo; de pronto Christina la tomó de las manos y las subió recargándolas sobre la pared y comenzó a besarla de una manera incontrolable. Samantha trataba de no llevarle el ritmo pero finalmente Christina la obligó a abrir la boca. La lengua esta giraba dentro de la boca de Samantha intentando buscar la suya, la boca de Christina se abría de una manera descomunal intentando hacer lo mismo con la de Samantha. Allí fue cuando Christina sin pensárselo dos veces metió su mano dentro del pantalón de Samantha, esta en cualquier otra situación la hubiera intentado sacar, pero en ese momento las cosas no estaban como para hacer enojar a la chica que tenía frente a ella.

 

Samantha cerró los ojos y dejó que Christina hiciera lo suyo dentro de su pantalón, sintió claramente su mano hasta el fondo y como sus dedos buscaban entrar dentro de ella. El movimiento del cuerpo de Christina se volvía cada vez más salvaje y en uno de esos arrebatos Samantha decidió invertir los papeles y la con su poca fuerza la giró dejando ahora a Christina sobre la pared. Siguiendo su juego sacó la mano de Christina y ella decidió meter la suya en los pantalones de esta, bajó rápidamente la mano e introdujo una par de dedos dentro de Christina. Justo en ese momento ni la propia Christina pudo evitar dar un gemido de placer que invadió toda la vieja casa.

 

La cara de Samantha ante aquel gemido no fue más que de horror, cerró los ojos y siguió tratando de hacerle un orgasmo. No pasaron muchos minutos antes de que el cuerpo de Christina se paralizara de placer; bajo gemidos y espamos Samantha supo que había llegado el momento. Todo había sido un plan desde el principio, llevaba horas pensándolo y juzgando si funcinaría; justo cuando Christina estaba en pleno orgasmo Samantha aprovecho para meter la otra mano dentro del bolsillo donde tenía la llave y se la metió en el suyo.

 

Ambas cayeron al suelo y a Samantha no le quedó más que darle un beso para mantenerla feliz; la abrazó y se quedaron allí las dos sin hacer ningún movimiento; ahora solo era cuestión de tiempo para que Christina se durmiera y  Samantha diera el siguiente golpe. Los minutos comenzaban a hacerse eternos para Samantha, miraba una y otra vez por la ventana como el sol comenzaba a desvanecerse lentamente; cuando sintió que Christina estaba lo suficientemente dormida comenzó a deslizarse lo más lento que podía para escapar de los brazos de esta.

 

Cada paso era lento y cada movimiento estaba demasiado cuidado. Cuando ya casi estaba a punto de lograr zafarse por completo se puso de pie y sonrió por su perfecta victoria, sin embargo Christina percibió el frío que dejaba la ausencia de Samantha y despertó al instante. Ambas se miraron sin hacer nada antes de que Samantha saliera corriendo para subir las escaleras; Christina salió detrás de ella y alcanzó a tomarla de un pie mientras Samantha intentaba subir al primer escalón; Samantha furiosa no le quedó más remedio que propinarle una patada directo a la cara que hizo que Christina cayera de espalda y la soltara al instante.

 

Samantha se puso de pie y siguió su camino hasta la cúspide de las escalera, en cuestión de segundos ya se encontraba frente a la puerta; miró hacia atrás y notó que Christina ya se estaba poniendo de pie; metió la mano en su bolsillo y sacó la llave para abrir la puerta; la mano le temblaba tanto que falló en un par de veces para poder insertarla y justamente cuando sintió que Christina ya estaba subiendo las escaleras metió la llave como tenía que ser y abrió la puerta; sin mirar atrás y dejando la puerta abierta salió corriendo por toda la casa intentando recordar las salidas. Cuando por fin recordó la distribución de la casa solo fue cuestión de segundos para llegar a la puerta principal.

 

A Christina le enfurecía tanto que la gente la usara, pero lo que acababa de hacer Samantha era el colmo de los colmos; aturdida siguió el camino por donde supuso que Samantha había escapado; pero no estaba alarmada, pues todas las puertas estaban cerradas y sería inútil que intentara escapar, pero cuando escuchó el ruido de una ventana rompiéndose su rostro se volvió calculador y no le quedó más remedio que caminar hacia el cajón donde tenía el arma. Tomó la pistola y se apresuró a abrir la puerta; todo estaba tan oscuro que al salir solo miró en primer instancia el coche viejo y no había nada fuera de lo normal; siguió caminando hasta caminar atrás de la casa y encontrar el Mini Cooper con una enorme capa vieja y cuidadosamente se acercó; levantó la capa y revisó el interior; pero no encontró nada.

 

Samantha había optado por ir sobre un camino donde ningún coche fuera capaz de perseguirla, porque si lo hacía seguramente estaría muerta. El único recuerdo que le quedaba de aquel lugar era el camino hacia el ruido, donde años atrás había encontrado curiosamente otro camino que la llevaba al otro lado de la carretera.

-¡Samantha! ¡Sé que estás aquí! ¡Es el único camino que conoces!

Samantha permaneció en silencio y siguió caminando entre el montón de arbustos y árboles lo suficientemente gruesos para poder ocultarlos.

-¡No lo entiendes Samantha! ¡Estoy enferma de amor! ¡Estoy loca! ¡Pero es por ti! ¡¿Por qué no lo entiendes?! ¡¿Qué tengo yo que no tenga esa perra de Andrea?! ¡Yo estoy mil veces mejor! ¡Mido el doble que ella! ¡¿Por qué te gusta esa cucaracha?!

Las palabras de Christina ya no se medían, Samantha se enfurecía cada vez que seguía hablando pero tan solo se apretaba los labios y se tragaba las mil y unos cosas que le hubiera gustado responder.

 

La noche se estaba volviendo cada vez más intensa, ya casi era imposible ver algo entre toda aquella oscuridad que apenas era alumbrada por la luz de la luna. Samantha comenzó a escuchar el ruido de una corriente de agua cada vez que avanzaba, por lo tanto iba por buen camino. Christina sabía lo que Samantha estaba intentando y sin verla siguió el camino que pensaba era el que estaba tomando Samantha. Cuando el ruido del río se volvió tan claro Christina se mantuvo lo más callada posible para poder escuchar cualquier cosa. A unos cuantos metros de allí Samantha ya estaba intentando cruzar el río pero la corriente era demasiada fuerte, de todas formas no le importó y prosiguió decidida.

 

Entre todo el ruido de la corriente Samantha jamás olvidaría aquel ruido, el percutor de un arma sobre su cabeza. Christiana la había encontrado y estaba detrás de ella apuntándole con el arma.

-Yo te lo advertí Samantha, conmigo no se juega.

En aquel momento el silencio permaneció intacto hasta que el ruido de un disparo inundó por doquier, haciendo que parvadas de pájaros salieran incontrolablemente de sus escondites.

 

Andrea seguía hablando con Carly y prácticamente contándole toda su historia de niña y su padre la golpeaba cuando se pasmó y congeló inexplicablemente.

-¿Andy? ¿Estás bien? –le preguntó Carly sorprendida-. Te pusiste pálida.

-No sé… Siento como si me faltara el aire.

Ambas miraron los brazos de Andrea y toda su piel se había erizado.

-¿Quieres que te traiga un vaso de agua? Si es porque estamos hablando de tu niñez podemos dejarlo…

-No es eso… es… es algo más…

-Andy… No estás bien, estás temblando.

-Siento miedo Carly… Tengo mucho miedo –dijo en un tono aterrado.