Andrea Princesa... Samantha Príncipe

El Juego de las Mentiras

-No sabes todas las cosas que te he querido decir desde el primer día que entraste en nuestras vidas –dijo Andrea molesta.

-¿Entrar?... ¿Estás segura de que la persona de la que estás hablando y yo somos la misma persona? –fastidió Christina.

-¡Vamos! Estás aquí después de todo lo que sucedió ¿Y lo sigues negando?

Christina rio entre dientes y bajó la cabeza moviéndola en tono de negación.

-¿No te cansas de qué jueguen contigo, Andrea? –le dijo aun riendo.

-¿Qué dices? Si aquí a la única a la que le gusta jugar el juego de las mentiras eres tú.

-¿Estás cien por ciento segura de eso? Porque yo no.

-¿A qué te refieres?

-Me refiero a… No sé si esto realmente me convenga decírtelo.

-¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué hiciste todo esto? –exigió Andrea.

-Todo esto tenía un objetivo… Si eso es a lo que te refieres… Pero yo… Soy tan desesperada que… Arruiné todo, eso y que tú novio es una mierda de novio.

-Ex.

-Lo que sea… Andrea, verás. Samantha no me cae del todo bien… ¿Sabes que gracias a ella toda la preparatoria pensaron que yo era lesbiana? ¿Cree que por ser lesbiana tiene derecho sobre todas las amigas?

-¿Es una venganza entonces? Porque si es eso será mejor que te vayas antes de que llamé a la policía.

-De cualquier forma llamarías a la policía… Y no, no es venganza. Recuerda, yo no hice nada… Todo lo hizo Lucas… Él siempre terminó poniendo las cosas así de feas, yo solo quería asustarlas… asustarlas y después ponerte al descubierto ante Alexander… A él es al que quiero… Poro por alguna razón no te saco de su cabeza, siempre que estoy con él solo habla de ti… Eres como un virus para los Vondegan.

-¿Todo esto es por eso? Él… él ni siquiera me gusta.

-Quizá a ti no… Pero él…

-¿Por qué mejor no te vas Christina?

Andrea se acercó a la puerta y la empujó con su pura presencia para intentar abrir la puerta.

-¿De verdad quieres que me vaya? Porque yo podría abrirte los ojos… Sobre Samantha.

-¿Samantha? Pensé que aquí todo esto giraba en torno a Alexander… ¿No será que a quien quieres a tu lado es a Samantha? ¿Qué fuiste tú de ella? –de detuvo de abrir la puerta.

-Fue mi amiga y no, no estoy interesada en ella… Ya no me importa si terminas con Samantha, Alexander es tan bueno que no se acercará a ti solo por compasión a su hermana.

-¿Terminar? Ella y yo no vamos a terminar.

-No soy vidente, pero apuesto a que sí. Su historia ha llegado a ese desenlace fatal y triste.

Andrea cerró los ojos intentando contener toda esa rabia y finalmente reintentó abrir la puerta.

-No tengo porque escucharte.

-¿Y si te dijera que Samantha no es lo que parece?

-Será mejor que te vayas.

Andrea abrió la puerta e ingresó rápidamente para cerrarla ante la cara de Christina.

-¿No te daría miedo vivir al lado de una ex convicta? –le gritó a Andrea a través de la puerta.

Andrea se mantuvo en silencio por un par de segundos y volvió a abrir la puerta.

-¿Qué dijiste?

-Veo que tengo tu atención… Me pregunto si ahora yo estaré dispuesta a dártelo.

-Será mejor que seas claras con tus palabras, o si no…

-¿O si no qué? ¿Me golpearás? ¡Por Dios! Andrea, no te conozco mucho… Pero de lo poco que sé de ti es que eres una completa cobarde.

Andrea enfurecida se acercó a Christina y levantó la mano.

-¡Hey!… ¡Garras abajo!… Veo que posiblemente te estés contagiando de la agresividad de asesina de Samantha.

Andrea le miró desconcertada y bajó la mano lentamente.

-¿Asesina?

-Eso oíste. Asesina.

-¿Estás loca? Ella no mataría a nadie.

-¿Estás segura de eso? Porque yo sí, ella misma me llamó aquella noche llorando y confesando su acto atroz… Buscaba una amiga real a quien pedir ayuda, a alguien que le dijera que hacer… ¿Yo que podía hacer? ¿Encubrirla? Que la encubrieran todas sus noviecitas putitas con las que andaba… Yo no iba a ensuciarme las manos por una persona como Samantha.

-Espera…

Andrea se sobó la cara con sus manos intentando recobrar la cordura que Christina le estaba haciendo perder.

-¿Qué estás diciendo? –exigió Andrea desconcertada.

-Entonces… Samantha no te ha dicho nada… ¡Dios! Voy a ser la discordia entre tú y ella… Más afortunada no me puedo sentir.

-Di lo que tengas que decir ahora o mejor vete.

-Si quieres me voy… A mí no me interesa si lo sabes o no.

Andrea le miró fijamente y le exigió con la mirada.

-Verás… Me sorprende que Samantha esté en el hospital sabiendo que ella podía haberte defendido con sus propias manos… Supongo que quizá no te ama lo suficiente para volver a matar a alguien… O simplemente la vez pasada no eran tantos.

-¿La ves pasada? Mira zorra… ¡Déjate de jueguitos y dime todo!

-¿Zorra? Yo soy una dama a comparación de Samantha… La zorra era ella.

-¿Por qué habría de creerte todo esto? –le preguntó Andrea.

-No tendrías… Pero ¿Yo por qué tendría que decírtelo? Si no quieres escuchar la verdad…

-Si hay una verdad que contar Samantha me lo tendrá que decir.

-No estés tan segura de eso… Dudo que lo haga. Así como se ve, tan valiente y segura de sí misma tiene su punto débil… Ese eres por ahora tú, y si te dijera toda la verdad simplemente…

-Yo la conozco.

-Sabes… Te diré todo sin tapujos para que te quites esa venda sobre la cara. Cuando su padre negó por primera vez y ante sus ojos que ella no era su hija ella… Se deprimió por así decirlo. Después de terminar la prepa sin hablar y vivir en su mundo de soledad… Salió huyendo de su casa… ¿A dónde? ¿Nadie lo sabía? Yo como buena amiga decidí buscarle para ver si estaba bien, para mi sorpresa ella ya no era esa Samantha que todos recordábamos… No, había cambiado tanto. Ella se había vuelto una zorra y puta… tan… tan… Profesional que ambos adjetivos combinados no llegarían a describirla en ese momento como yo quisiera.

 

Samantha… Había caído tan bajo sin que ella lo supiera. Hablé con ella pero solo me mandó por un tubo… La observé por días y todo lo que vi fue… Mujeres y más mujeres. Samantha salía con todo lo que tuviese tetas… Entraban y salían de su apartamento, y no creo que se quedarán simplemente a tomar el té. Pero había una que llegaba con regularidad… Nada sorprendente, una simplemente un mujer un poco menor a mi juicio que ella, cabello negro, tés muy pálida… Prácticamente una niña. Aquella noche que me llamó estaba con ella… Por lo que entendía entre sus sollozos y lágrimas era que habían intentado violarlas un par de hombres saliendo de uno de esos bares gays a los que iba a buscar sus novias para pasar la noche.

 

Esa noche al parecer había decidido ser un poco más recurrente y salir con esa niña que la visitaba más seguido… Una tal Kim, sí, creo que así era. Obviamente llamé a la policía que era lo único que podía hacer en una situación así. Al otro día me enteré de todo… Al parecer cuando había llegado la policía se había encontrado con la gran sorpresa de qué, sí, habían violado a la tal Kim, pero a Samantha no… Había un cuerpo sin vida… Era de uno de los violadores y al parecer… ¿Quién crees que lo había matado? Así es, tu actual novia. Ella misma lo confeso y fue llevada a juicio. Todos fuimos a juicio, incluso su padre… Claro, que dijeran que su hija sería mandada a la cárcel hubiese sido su perdición así que llevó todo de una manera que pasara desapercibida del mundo público.

 

Hasta eso su padre metió abogados de los mejor y peleando que fue en defensa propia… Le dieron seis meses… ¿Loco, no? Para una muerte dan al menos… No sé, pero de seguro muchos años… Apuesto que su papá puso dinero sobre la mesa… Lo apuesto. Aunque me sorprende porque pudo haber incluso impedido que terminará en la cárcel. En fin, después al salir ingreso a esta universidad… Y el resto ya lo sabes. ¿Ha cambiado? Quizá, al menos ahora ya no anda de zorra… ¿Qué si ha vuelto a ver a la tal Kim? Probablemente… ¿Qué te esté engañando…?

-¡Ella jamás me engañaría! –le gritó en la cara.

-¡Eso dijiste de que no sería capaz de matar! Y sin embargo lo hizo, ¿no me crees? Pregúntaselo. Te ha mentido, y con una mentira de las grandes.

Andrea se quedó perturbada sin decir absolutamente nada allí en la puerta, su mirada se perdió en ningún punto y una lágrima escurrió por su rostro. Christina se acercó a Andrea y le susurró en el oído.

-Pregúntaselo… Tan solo menciónale el nombre de Kim y se caerá su obra maestra de mentiras.

Christina alejó su rostro y comenzó a caminar hacia fuera del pasillo. Cuando se alejó lo suficiente le gritó a lo lejos.

-Por cierto, probablemente mañana todos sepan lo que pasa entre tú y Sam… No me lo agradezcas, tarde o temprano tenías que salir del closet.

En los oídos de Andrea solo estaba ese zumbido de ideas que giraban por toda su cabeza, todas esas palabras que la llevaban a pensar en mentiras y más mentiras. Ignoró incluso lo último que le había dicho Christina y cerró la puerta para meterse directo a la cama; se tapó hasta la cabeza y permaneció allí con los ojos abiertos en completa oscuridad; siguió así un par de minutos mientras olía el suave aroma de Samantha impregnado en las cobijas. Al final no lo soportó, salió de la cama, de la habitación y decidió ir a dormir a su habitación, allí finalmente concibió el sueño.

 

A la mañana siguiente Andrea se despertó tan tarde como Sandra se lo permitió.

-¡Qué bueno que despertaste! No he sabido de ti y muchos te andan buscando –le dijo Sandra en tono irónico.

-¿Qué hora es?

-Tarde… Incluso para lo que como yo se quedaron a pasar navidad en la universidad. Incluso vi a tus amigas esas con las que andas debes en cuando… Al parecer se quedaron al igual que muchos a pasar navidad en la súper fiesta del siglo que organizó la universidad… ¿Puedes creerlo? Si mis padres no estuvieran divorciados preferiría pasar mil veces navidad con ellos que con extraños emborrachándose y teniendo sexo. Por cierto, anoche no escuché cuando llegaste.

-Llegué tarde.

-¿De dónde?

Cuando Sandra logró ver la cara de Andrea con sus golpes, ahora menos hinchada, corrió a su lado e intentó ver de qué se trataba.

-¡¿Qué te pasó Andrea?¡ ¡No me digas que te asaltaron!

-No lo hicieron.

-¿Entonces? ¿Qué te pasó?

-¿Ha venido Rafael? –preguntó intentando cambiar el tema.

-No, pero ayer en la noche estaba buscándote… Parecía alterado, ¿tiene que ver con lo que te pasó?

-No.

-¿Entonces qué te pasó?

-¡Basta, Sandra! ¡Basta! ¡No te metas!

Las dos chicas se miraron la una a la otra para ser Andrea finalmente la que pidiera disculpas.

-Lo siento… No quise… Gritarte.

-No, no te disculpes. Fue mi culpa, siempre hago muchas preguntas… En todo caso, es tu asusto y no debe entrometerme… Solo estaba preocupada.

El silencio entró de nuevo y fue interrumpido por alguien tocando a la puerta, Andrea se puso rápidamente de pie y corrió a abrirla.

-Andrea…

-¿Alexander? Pensé que vendría Rafael… ¡No me digas que pasó algo!

-¿Qué? No, Samantha está bien, ya despertó. Pasé a avisar a Rafael y le dije que yo vendría por ti… Él ya hizo demasiado.

-Dame cinco minutos para cambiarme.

-Claro.

 

Cuando Andrea salió la primera idea que se le vino a la mente fue preguntarle acerca de lo que  Christina le había dicho la noche anterior, pero rápidamente vino a su mente en no creer nada de lo que le dijeran de Samantha hasta que ella misma se lo dijera. Mientras caminaban de salida fue prácticamente imposible que Andrea no notara alguna o varias miradas sobre ella, y no, esta vez no eran producto de su mente. Aquello incluso lo notó Alexander.

-Esto no tiene por qué afectarte Andrea.

Andrea solo guardo silencio y dentro maldecía una y mil veces a esa mujer llamada Christina, incluso pensó allí mismo decirle a Alexander que toda la culpa era de esa tal Christina, de la que quizá se decía ser su amiga. Pero la idea se le esfumó cuando escuchó a alguien decir a lo lejos: “Era la ‘A’”. Entonces recordó el mensaje que le habían dejado en su salón aquel día… El mensaje que le había dejado Christina.

-¿Andrea, estás bien? –le preguntó Alexander bastante preocupado.

-¿Podemos apresurarnos? No quiero lidiar con esto hoy.

-Claro, mejor vamos por la parte trasera.

Andrea afirmó con la cabeza y ambos re direccionaron su rumbo. Al ir caminando y pensando en todo lo que pensaba preguntar y que no Andrea ignoró que venía hacia ellas Ameli con la más clara intención de hablar con ella.

-Andrea… Tu cara, entonces sí es cierto… Lamento tanto lo que te pasó a ti y a tu…

Ameli se guardó la última palabra y prefirió quedar en silencio.

-Gracias Ameli… Samantha está bien.

-Lo siento, es que no sé si esa otra parte también es cierto. Ya sabes, que tú y ella…

-¿Te molestaría si te dijera que es cierto? –preguntó esperando la peor respuesta.

-¡No! Es decir, para nada. Es raro porque tú eres mi amiga y… bueno, en todo caso. El amor es amor… Como cuando de pequeña decía que mi novio era mi enorme oso “felaldo”… Aunque esa relación no funciono del todo… No era muy sociable.

Los tres rieron ante el inocente chiste que Ameli había dicho intentando romper el hielo.

-¿Dónde está Carly? –preguntó Andrea.

-Estaba conmigo –dijo Ameli-. Le dije que iba a venir para verte y…

-Entiendo…

-No pidas que ella lo acepté tan fácilmente, porque quizá nunca lo haga… Ella piensa de una manera muy diferente.

Ameli bajó la mirada y después volvió a subirla con una sonrisa.

-Yo sé que no parezco la persona más inteligente del mundo, pero, si puedo ayudar en algo no dudes en pedírmelo.

-Gracias Ameli, realmente te lo agradezco.

-No es nada. Será mejor que te deje ir, parece que llevan prisa. Supongo que va a verla.

-Sí, así es.

-Bueno, avísame cuando sepas algo de ella… de tu novia.

-Claro Ameli, te avisaré.

Ambas chicas se abrazaron y por primera vez en aquella mañana las cosas no se veían tan mal después del todo.

-Andrea… -dijo Alexander interrumpiéndolas para poder irse.

Las dos se separaron y se dieron una última sonrisa antes de partir cada quien por su camino.

 

Cuando Alexander y Andrea llegaron al hospital comenzaron a revivir aquella noche tan fría y solitaria que habían pasado, sin embargo, justo ahora el lugar estaba lleno de gente y movimientos por todos lado.

-Iré a hablar con el doctor –le dijo Alexander.

Andrea se quedó parada en el pasillo esperando a su regreso, mientras tanto intentó desviar sus pensamientos hacia otra cosa para mantener la cabeza fría. Cuando vio a un niño corriendo y gritando atravesar el otro lado del pasillo recordó el mismo sonido que justamente ayer la había despertado en ese mismo corredor.

-La está revisando la enfermera… En cinco minutos podemos pasar –le dijo Alexander sacándola de su trance.

-Alex… ¿Solo estamos tú y yo?

Alexander bajó la cabeza y apretó los labios.

-Sí. Hablé con mis padres… Mi padre no quiso venir, dijo que no quería seguir incentivar la insensateces y estupideces de Samantha de nuevo, solo mando dinero. Mi madre…. A ella si mi padre le dice que no vaya no viene.

Andrea puso clara atención cuando Alexander dijo “de nuevo”, quizá ese de nuevo se refería a lo que Christina le había contado.

-Pero, es su hija.

-Y lo saben, aunque mi padre lo niegue. Pero para él Samantha es la gran deshonra de la familia... Solo puedo decirte que un día… Cuando pasó algo en la familia él le dijo que hubiera preferido que se hubiese muerto el día que nació, bueno, cuando Sam nació hubo problemas en el parto y estuvo a punto de morir.

-Ella jamás me ha contado eso.

-Supongo que no es fácil, algunas cosas no son fáciles, mucho menos para ella. Ha pasado por tanto.

-¿Cómo qué?

-Andy… No me quiero meter, Samantha tiene sus cosas… Su pasado, como todos lo tenemos.

Andrea permaneció en silencio antes de que una enfermera llegara a avisar que ya podían ver a Samantha.

-¿Quieres pasar tu primero? –le preguntó Alexander-. Por mí no hay problema. De hecho, creo que sería lo mejor.

Andrea asintió y le sonrió agradeciéndole.

 

Andrea entró sigilosamente a la habitación donde le habían dicho que estaba alojada Samantha. A primera vista vio una gran cama blanca y más alta de lo normal. Allí estaba Samantha, tranquila y esperando quizá a que alguien hiciera un mínimo ruido para llamar su atención.

-¿Sam? –preguntó percatándose si estaba despierta.

-Andy… Viniste.

-Creo que no sería humana si no lo hubiese hecho, además, necesitaba ver con mis propios ojos que estas bien.

-Pues lo estoy.

Andrea se acercó a su lado y la tomó de la mano.

-¿Cómo te sientes?

-Adolorida y confundida… Anoche me perdí completamente, no supe cuando paró todo.

-Te desmayaste.

-Eso dicen los doctores.

-¿Cómo te sientes respecto a…? –preguntó Andrea refiriéndose a la violación.

-Estaré bien… Creo que puedo superarlo.

Andrea acercó una de sus manos a la mejilla de Samantha y la acarició sonriendo.

-Lo sé, siempre has sido y serás más fuerte que yo.

-Anoche no fui valiente Andy, ellos pudieron hacerte algo y yo… No pude defenderte.

-¿Defenderme tú a mí? Yo fui la que no te defendió… La que no fue valiente fui yo… Tú sí, soportaste todo y ahora estás aquí sonriéndome como si lo de ayer solo hubiese sido un asalto por un adolescente sin experiencia.

-Olvídalo Andy, finalmente estamos bien, es lo que importa.

-Tú no estás bien –dijo mientras pasaba la yema de sus dedos por una raspadura en la frente de Samantha.

-Pero voy a estar bien, y en cuanto salga vamos a meter a ese bastardo en la cárcel por el resto de sus días… Como deberían estarlo todos esos… Nadie merece pasar por algo así.

El silencio después de las palabras de Samantha se hizo venir al instante y hacían que Andrea se animará a preguntarle a Samantha respecto a lo que le había dicho Christina.

-¿Lo han llevado a la cárcel? –preguntó Samantha intentando llamar la atención de Andrea.

-No lo sé, aún no lo sé. Pero está en el hospital.

-¿Qué pasó? Los médicos no me han dicho mucho.

-Alexander y Rafael llegaron y detuvieron todo. A Alexander se le pasó la mano con Lucas y casi lo mata… Lo mandó directo al hospital.

-¿Está en este hospital? –Samantha preguntó nerviosa.

-No, a él lo enviaron a otro.

-Eso es bueno. ¿Cómo fue que Alex y Rafa…?

-Es una larga historia… Por ahora es irrelevante, ya habrá tiempo para contártela.

-Bueno, y la policía… ¿Ya te hicieron interrogaron y eso?

-Ayer iban a hacerlo pero era tarde… Quizá en la tarde traten de contactarme… Contactarnos.

-¿Ya sabes que les piensas decir respecto a tus golpes? –preguntó incentivándola a declarar lo de su padre.

-Ya veré cuando llegue el momento –dijo con nervios Andrea-. No quiero pensar de eso ahora.

-Está bien, pero recuerda que eso tampoco se puede quedar así nada más… Tienes que denunciar a tu padre… Él fue quien te golpeó.

-Ya veré.

-¡¿Ya verás?! Tienes que hacerlo, no pensar si lo harás o no. Tienes que hacerlo.

-No quiero hablar de eso ahora Samantha.

-Andy, estoy tan contenta y feliz de que estés aquí conmigo en este momento... En este momento difícil, pero si no hablamos de eso ahora ¡¿Cuándo lo haremos?! ¡¿Cuándo lo harás?!

-¡El día que me digas quién es Kim y por qué pasaste seis meses en prisión!