Andrea Princesa... Samantha Príncipe

El Pasado del Futuro

Eran las tres de la mañana y aún Andrea, Alexander y Rafael seguían esperando en la sala de espera por alguna señal de alguno de los doctores que estaban asistiendo a Samantha. Andrea no dejaba de sollozar de una manera tan implacable mientras Rafael la tomaba de la mano e intentaba tranquilizarla. Por otra parte Alexander no dejaba de caminar por todo el pasillo mientras intentaba comunicarse con alguno de sus padres. El silencio ensordecedor que con ayuda del característico ruido del ambiente hospitalario parecían formar parte de la banda sonora de una trágica y dramática película.

El tiempo seguía trascurriendo y la angustia por parte de los tres seguía estando al punto del colapso. Una enfermera se acercó a Andrea para preguntarle nuevamente si quería que la atendiera por los ligeros golpes que se lograban presenciar en su rostro, sin embargo Andrea volvió a negarse. Mil y un cosas pasaban por la mente de Andrea y entre ellas estaba también su padre. De alguna manera sabía que cuando llegasen los de ministerio público o cualquiera que la fuese a interrogar habría que crear una perfecta historia paralela que argumentara su rostro magullado.

El sueño de alguna manera también formaba parte de todos en aquella sala. Andrea comenzaba a divagar entre llantos y el sueño que le estaba provocando todo lo ocurrido de aquel largo día. Lentamente sus ojos se fueron cerrando con la pesadez de sus parpados, sin embargo, de la nada un ruido ensordecedor de un niño corriendo a través del pasillo la hizo despertar y regresar a la cruel realidad. El corazón acelerado de Andrea parecía estar saliéndose del pecho mientras su mirada aturdida buscaba el rastro de aquel niño.

-¿Parientes de Samantha Vondegan?

Cuando el nombre de Samantha fue nombrado los tres únicos individuos de aquella sala giraron su cabeza hacia la dirección donde se encontraba el alto hombre con vestimentas blancas.

-Soy su hermano –añadió Alexander mientras se encaminaba hacia él.

Andrea se puso de pie y se siguió detrás de Alexander mientras limpiaba los residuos que habían dejado las lágrimas en su rostro.

-De acuerdo… -musitó el doctor-. Su hermana ya se encuentra fuera de todo posible peligro, lo más grave encontrado es la fuerte contusión que recibió en la cabeza… La cual fue responsable de que perdiera la consciencia. Su hermana tiene mucha suerte… Se pudo haber fracturado algo.

-¿De lo que le hizo ese desgraciado…? –preguntó Alexander empuñando sus manos.

-Respecto a eso… solo el daño común de una violación, no hay desgarré así que no hay alarma roja respecto a un desangramiento; sin embargo ya estamos haciendo las debidas pruebas necesarias para descartar cualquier posible enfermedad venérea que pudiera haber sido adquirida.

-¿Podemos pasar a verla? –preguntó Andrea desde la espalda de Alexander.

-Por ahora no, necesita mucho reposo… Es más, aún no ha despertado, vayan a descansar… Posiblemente mañana a medio día autoricemos las visitas. Por cierto, a usted lo necesito –señaló a Alexander-, para que llene papeleo.

-Claro. Rafael… ¿Podrías llevar a Andrea a la universidad para que descanse? –le preguntó Alexander.

-¡¿Qué?! Yo no pienso irme y dejar sola a Samantha –reclamó Andrea.

-Andrea, no tiene caso que te quedes… Ya escuchaste al doctor.

-Pero…

-Yo me quedaré y te avisaré… Bueno, les avisaré si sucede algo. Es más, en cuanto Samantha despierte y permitan las visitas les avisaré.

-Vamos Andrea… Es tarde y necesitas descansar –se acercó Rafael mientras la tomaba del brazo.

-Llámame si sucede algo –le reiteró Andrea a Alexander.

-Sabes que lo haré.

 

Cuando ambos se acercaban hacia la salida del hospital fue inevitable no ver a un par de agentes acercándose en dirección hacia ellos; Andrea bajó la mirada e hizo gesto de desagrado.

-Buenas noches… ¿es usted Andrea Collins?

-Sí, soy yo.

-Perdón la demora pero nos han dado la dirección del hospital equivocada y hemos parado hasta el otro lado de la ciudad. Venimos a tomar su declaración, bueno, la de todos.

-El hermano de la víctima se quedará a pasar la noche… -aclaró Rafael.

-Bueno, pero necesitamos la declaración de todos.

-Ha sido una  noche larga y es demasiado tarde… ¿No pueden hacerla mañana? –dijo Rafael en un tono bastante molesto.

-No hay problema, estamos a su servicio… Solo les pediríamos sus datos de contacto si no es mucha molestia.

Rafael negó con la cabeza, le entregó las llaves del coche a Andrea y le indicó a que esperará en el coche mientras él les daba los datos necesarios. Andrea asintió y a paso lento llegó hasta el automóvil. Mientras esperaba en el asiento del copilotó veía a lo lejos a Rafael y se preguntaba cómo había llegado a formar parte de su vida.

-Quizá es nuestro ángel –musitó entre dientes.

Dejó las llaves conectadas en el switch, se recargó en el asiento y cerró por un instante los ojos. En su mente seguían corriendo todas aquellas imágenes y conforme seguían pasando el sueño también hacía de las suyas. Cuando menos los esperaba Andrea ya había caído en un profundo sueño que la hizo desconectarse de la realidad, y a pesar de estar profundamente dormida su cuerpo se mantenía en alerta, tan así, que cuando el auto aparcó en el estacionamiento de la universidad no fue necesario que Rafael la despertara, pues instintivamente despertó sin más previo aviso.

 

-Oh… Andy, qué bueno que despertaste.

-Rafa… ¿Ya llegamos?

-Me temo que sí… Vamos, te acompaño a tu habitación.

Rafael adelantó su mano a la manilla de la puerta cuando Andrea puso su mano en su hombro y lo detuvo.

-Necesito… necesito que me digas ¿cómo lo supiste? Necesito que me digas todo.

-Andrea… Hoy has pasado por muchas cosas, sería mejor esperar a mañana.

-¡No! Necesito saberlo ahora. Por favor, dímelo.

-Es una larga historia.

-Larga o no… Quiero saberla.

-De acuerdo, supongo que es lo menos que te mereces… Una explicación… Bueno, esto pasó en la tarde… Yo estaba bañándome cuando escuché… bueno, cuando los escuché…

 

Siete horas antes…

 

“Jamás odiaré tomar un baño caliente en una tina… Es más, tengo que tener una cuando tenga mi propia casa” -pensó Rafael mientras tomaba un baño y dejaba que la tranquilidad del silencio lo arrullara.

La puerta de la habitación se abrió precipitadamente y chocó con la misma pared haciendo un ruido estruendoso que lo sacó de su momento perfecto.

-¡¿Rafael?! –escuchó por fuera.

Obviamente se trataba de Lucas, que como siempre había arruinado otro de sus mejores momentos. Sin embargo, se limitó a responderle y simplemente se quedó allí sin decir nada. A pesar de no querer podía escuchar claramente todo lo que en el exterior de aquel baño se escuchaba. Y sí, Lucas no venía solo, era imposible no escuchar esa voz de diva que se cargaba la tal Christina…

-Lucas… ¿Vamos a ir a cenar esta noche?

-Ya te he dicho que no tengo ganas… Mejor hay que quedarnos aquí y nos divertimos un rato… Probablemente Rafael llegué tarde.

-¿A qué te refieres por divertirte un rato? Porque si te refieres a sexo…

-No te escuchas muy convencida.

-Es solo que ya me estoy cansando de esto Lucas… No hay día que no te vea sin que tengamos sexo.

-¿Ahora te quejas? Nunca te vi quejarte cuando te hacía gemir de placer.

-No es eso… Pero a veces una quiere salir simplemente a cenar y hablar de… cualquier cosa.

-¿Hablar? –rio en sus adentros.

-Pues sí, aunque no lo creas también a mí me gusta ser escuchada… No solo soy un objeto sexual al cual usar cada vez que sientes que se te atrofia tu amiguito.

-Christina… Estas loca… Hasta parece que estoy escuchando a Andrea.

-¿Andrea? ¿Cuándo vas a dejar de compararme con ella? ¿No será que te sigue palpitando el corazón?

-¡Estás loca!

-Pues loca o no eso parece.

-Mira… o cierras la boca o mejor te largas.

-¡Vamos! ¡Admítelo! Todavía sigues enamorado de ella.

-Christina… Te estoy dando la oportunidad de que cierres ese hocico de perra.

-¡Bravo Lucas! Eres todo lo que una chica quiere escuchar.

-¡¿Sabes qué?! ¡Lárgate!

-¡Pues sí me largo pendejo! ¡Pero ya no vuelvo a regresar!

-¡Ni te hagas del rogar porque al rato vienes arrastrándote como la zorra que eres! ¿Qué ibas a hacerme? ¿Pegarme? No seas ridícula…

-¡Eres una mierda de hombre Lucas!

Fue en ese instante cuando Rafael escuchó claramente una abofeteada y por la circunstancia de lo que estaba escuchando claramente había sido por parte de Lucas. Hubiera preferido salir y detener aquello, pero sus problemas eran sus problemas.

-¡Vete a la mierda Lucas! ¡Te lo digo ahorita! Te vas a quedar sin mí y sin la puta de tu Andreita… Que esa ya está muy bien acompañadita.

-¿Crees que me importa? Yo voy con ella y así –chasqueó los dedos-, la tengo comiendo de mi mano.

-Más idiota y equivocado no puedes estar… Esa, aunque le regales un país entero no regresa contigo.

-Claro, di lo que sea… Te ardes de envidia por que la prefiera a ella.

-¿Arderme de envidia? –rio a carcajadas-. El que se va a arder pero de humillación serás tú cuando todos se enteren que tu exnovia te dejó por una mujer.

El silencio perturbó aquel momento y rápidamente un nudo se aprisionó en la garganta de Rafael.

-¿Q-u-é d-i-jiste? –tartamudeó Lucas.

-Lo que escuchaste…

-Estás mintiendo.

-¿Mentir? ¿Acaso me ves cara de mentirosa?

-¿Quién te dijo eso?

-¡Suéltame Lucas! ¡Me estas lastimando!

-¡¿Quién te dijo eso?!

-¡Alguien!

-¡Lárgate de aquí! ¡Puta mentirosa!

-¡No te preocupes!… ¡Qué no es necesario que me eches de aquí! ¡Yo me largo!

La puerta retumbó haciendo vibrar las ventanas y el silencio volvió de nuevo.

-¡Maldita Andrea! –gritó Lucas mientras un tono de llamada se escuchaba al fondo-. ¿Andrea? ¡Quiero hablar contigo! ¿Bueno?...

Lucas cerró furioso su celular y el sonido de la puerta azotándose se escuchó una vez más. Rafael rápidamente salió de la bañera y se enrolló la toalla para salir corriendo a tomar su celular e intentar marcar a Andrea pero al instante saltó una grabación para dejar un mensaje de voz. Temblando buscó el número de Samantha pero en este ni siquiera entraba la llamada. En cuestión de segundos se vistió de lo primero que encontró y salió en busca de alguna de las dos chicas.

 

Lo primero que pasó por su cabeza fue ir a buscar a Samantha en la biblioteca, pero en cuanto dio el primer vistazo y vio a la anciana de otras veces dio vuelta atrás y corrió hacia las habitaciones. La primera que se encontraba en su camino era la de Andrea y al tocar la puerta Sandra fue quien lo recibió.

-Ah tú…

-Rafael.

-Como sea… ¿Buscas a Andrea?

-Sí, está aquí.

-No, desde hace un par de días no está… Justo se lo acabo de decir a su ¿ex?

-¿Tienes alguna idea de dónde pueda estar?

-Ni idea… Solo me dijo que iba a pasar navidad con unos amigos… Para mí que se fue con su nuevo galán... Ella dice que no tiene, pero si vieras esa mirada de infante descubriendo la maravilla de los dulces también te darías cuenta que miente.

-Mira… Este es mi número… Si sabes algo de ella…

-Claro yo les aviso.

-¿Les?

-El otro también me pidió lo mismo.

-A él no le digas nada.

-¿Pasa algo?

-Solo no le digas nada, avísame a mí.

-Si está pasando algo creo que debería saberlo.

-Lo siento pero me tengo que ir.

Rafael salió corriendo de allí y trató de recordar  el número de habitación que le había dicho Andrea donde se alojaba Samantha, le dio varias vueltas a su cabeza de una manera descontrolada hasta que al final lo recordó. Cuando llegó a la habitación se mantuvo unos segundos en calma y golpeó la puerta de una manera discreta. Espero y espero… Sin embargo, nadie abrió la puerta. Gritó el nombre de Andre y Samantha pero todo fue en vano. Con la desesperación en el corazón volvió a marcar a los móviles pero no obtuvo resultado. Deprimido salió a los jardines del campus y se sentó a esperar y ver si encontraba a alguien que pudiera ayudarlo para advertirles a las chicas. Mientras estaba sentado y la tarde comenzaba a hacer que se obscureciera escuchó nuevamente la voz de Lucas que estaba ante una llamada, pero esta vez provenía de un radio.

-¡¿Qué estás diciendo Christina?!

-¡No seas idiota! Si quieres creerme o no es tu problema, a mí me vale, pero si quieres verlo por tus propios ojos ya te dije donde puedes encontrarla. Mira, se suponía que esta información la utilizaría para mí… Como sea, ya me encargué de que pasen un buen rato allí… No irán a ningún lado.

-¿A qué vas con todo esto?

-Joderte, no sabes cómo me muero de las ganas de que te des cuenta de la cruda realidad.

-Ok. ¿Dónde dijiste que están?

-Ya te dije, en ese restaurante de mala muerte al que me llevaste el día que misteriosamente olvidaste la reservación del Guten Tag… California #503, todos saben dar con esa dirección… Está a una cuadra de Club de natación.

-¿Estás segura de que allí están?

-Justo ahora mismo las estoy viendo. Yo ya me voy, si vienes bien por ti… Si no… Me vale madres.

Lucas colgó rápidamente y volvió a marcar pero Rafael no se quedó para escuchar. Tan rápido como pudo llamó a Carly y esta le dijo que ella y Ameli se encontraban en la cafetería del campus. Obviamente Rafael se encaminó para estar en pocos segundos allí.

-Hola chicas…

-¡Hola amor! Pensé que hoy ibas a descansar.

-Iba… Pero… ¿No saben si Andrea cambió de celular?

-No. De hecho no sabemos nada de ella desde hace días.

-Entonces… Podrías prestarme tu auto… Necesito ir a un lugar y el mío está en el taller.

-Lo siento pero me lo pidieron prestado. Pero si quieres puedo pedir que me lo den… Lo tengo de vuelta en un par de horas.

-Lo necesito justo ahora… Ameli ¿Tú podías prestarme el tuyo?

-Lo siento Rafa… De hecho de eso estaba hablando con Carly… Me estacioné en una zona indebida y ahora tengo que pagar una multa exagerada para sacarlo del corralón –Dijo Ameli mientras su mirada se desviaba a otra dirección-. Carly… Mira allí está de nuevo.

Carly miró hacia la misma dirección y Rafael no pudo evitar hacer lo mismo.

-¿Qué? –preguntó Rafael.

Carly le miró y le hizo una seña para que no fuera tan obvio.

-Ameli y yo hemos llegado a la conclusión de que ese papacito, sin ofender, es hermano de la chica de la biblioteca. Lo que pasa es que la hemos visto últimamente con Samantha y justamente con él también.

-De hecho creemos que Andrea está saliendo con él, solo que lo mantiene en secreto –agregó Ameli.

-¿Están seguras de eso? –preguntó Rafeal.

Ambas asintieron y siguieron observado. Para Rafael eso tenía mucha coherencia, aquel alto y guapo hombre tenía cierto parecido a Samantha. Sin dudarlo y perder tiempo se encaminó hacia él.

-¿Eres hermano de Samantha, la chica de la biblioteca? –preguntó sin siquiera presentarse.

-Sí. ¿Tú eres?

-Rafael Olvera, mucho gusto. Necesito que me acompañes a esta dirección –sacó una pluma de su chaleco y escribió sobre una servilleta.

-Disculpa… ¿Por qué tendría yo que acompañarte allí?

-¿Conoces la dirección?

-Sí, pero no has respondido a mi pregunta.

-En esa dirección está tu hermana y Andrea… Y puede que estén en problemas.

-¿Qué?

-No hay tiempo que perder… te explico en el camino.

 

-Y el resto de la historia ya la conoces –dijo Rafael mientras apretaba sus manos sobre el manubrio del coche.

Andrea permaneció en silencio y le miró.

-¿Qué dijo Alexander cuando se lo dijiste? Me refiero… A Sam y yo.

-Me dijo que de alguna manera ya lo sabía… Pero eso no significa que no le doliera… De verdad le gustas o gustabas… Ya no sé qué pensar.

-¿Crees que Christina sea la qué?

-¿Puso el recado en tú salón?… ¿Y la misma que ha estado acosándolas? Samantha me contó todo.

-Entonces…

-Probablemente… No sé… No entiendo ¿Por qué? ¿Por qué les haría algo así?

-Yo tampoco entiendo Rafael… Yo tampoco.

-Andrea… Respecto a los golpes en tu cara…

-Rafa… No quiero hablar de eso, no ahora.

-Claro. Será mejor que vayamos a descansar.

Poco más tarde Rafael acompañó a Andrea hasta dentro del campus, mantuvó un profundo silencio y finalmente la llevó hasta su habitación.

-Todo va a estar bien.

-Gracias Rafa… Eres como nuestro ángel guardián.

-No digas eso… Solo soy un buen amigo.

Andrea abrazó fuertemente a Rafael y dejó salir una lágrima que se derramó por toda su mejilla.

-Hey… Ya no más lágrimas por hoy… Mantente fuerte para mañana que veas a Sam… No creo que le alegre verte toda deshidratada. Mañana paso temprano por ti… Tengo que regresarle al auto a Alexander.

Andrea se rio un poco y Rafael le sonrió.

-Cuidate. Nos vemos mañana temprano. Solo trata de contestarme.

-Respecto a eso… No tengo celular. Si no es mucha molestia… ¿Podrías venir hasta acá?

-No te preocupes.

Rafael se retiró y dejó a Andrea sola en aquel pasillo. Andrea estaba a punto abrir la puerta cuando recordó que traía la llave de la habitación de Samantha, así que decidió mejor ir a dormir allí que tener que soportar a Sandra y su interrogatorio si esta se encontraba despierta. Caminó a paso lento por aquel pasillo hasta llegar finalmente al pasillo principal. Miró y como siempre a esas horas había un profundo silencio, pues todos estaban durmiendo. Siguió caminando con la cabeza gacha hasta que llegó al pasillo de la habitación de Samantha. Cuando levantó la cara y vio quién se encontraba justo fuera y esperando en la puerta de Samantha sintió como si toda la ira del mundo cayera sobre ella.

-¿Qué haces tú aquí? –le preguntó furiosa.

-¡Andrea! ¡Qué gusto conocerte! Bueno, realmente ya te conocía… Pero tú no a mí… o al menos solo de vista.

-¿Christina, verdad?

-Al menos sabes mi nombre. ¡Qué alago! Hay tanto que tengo que decir hoy… Y no, no es sobre Lucas… Sé que está en el hospital… No sé si vivo  o muerto… No me importa. Yo vine a aclarar otras cosas.

Samantha le miró con aún más rabia, pero si una cosa quería en ese momento, además de ahorcarla con sus propias manos, eran explicaciones.