Andrea Princesa... Samantha Príncipe

Los Silencios del Amor

Andrea no podía creer todo lo que le estaba sucediendo, todo parecía ser una especie de broma o parte de una escena de telenovela barata; todo esto era como una pesadilla, era tan sorprendente creer o pensar en la pura posibilidad de que Samantha tuviese que ver tanto con su vida, y no solo con ella, sino también con su familia; las cosas se iban a poner difíciles y ella lo sabía.

Ella siguió su camino sin mirar atrás, no quería ver aquella escena de la cual prácticamente había salido corriendo; sus pasos continuaron en línea recta mientras el ruido parecía alejarse cada vez más de ella. Una vez que llegó al salón donde tomaría su clase no tardó en entrar, sacar una libreta de apuntes y ponerse a estudiar, así y con mucha suerte olvidaría por unos minutos todo lo que había pasado.

Mientras tanto, Carly y Ameli decidieron dejar al que por ahora sería el enamorado de Andrea, dejando a Samantha y Alexander solos, estos se quedaron allí sin decirse nada por unos segundos; realmente no sabían de qué hablar, pues ya tenían demasiado tiempo sin haberse visto, no obstante, antes de que toda la familia se enterase de homosexualidad de Samantha eran muy unidos.

-Será mejor que me vaya, tengo trabajo que hacer –le dijo Samantha a su hermano.

-¡No! Espera, escucha… Sé que últimamente no nos hablamos, pero deberíamos salir de vez en cuando y platicar de lo que nos pasa…

-Alexander, quiero recordarte que tú fuiste el que se alejó de mí y decidió ser el niño consentido de papi –le reprochó.

-¿Qué? Oye, tú te saliste de la casa y te alejaste.

-¿Para qué querías que me quedara allí? ¿Para que pareciese una extraña en la familia? Alex… Tú mismo te diste cuenta de mi padre me ignoraba y cuando me dirigía la palabra no era más que para insultarme.

-Sabes que siempre ha sido así él… No es una persona de mente abierta, incluso a mí me costó mucho trabajo lograr entender lo que pasaba; sabes lo difícil que fue para mí creer todo lo que decían en la secundaria… Pero más aún cuando dijeron que te habías besado con la maestra de educación física…

-Y tú te lo creíste al instante, ¿no? Ni siquiera fuiste lo suficientemente hermano para preguntarme a mí antes, que creerle primero a tus amiguitos.

-¡No tenía que hacerlo! Ella siempre te trataba diferente, tenías mejores calificaciones aunque no eras muy atlética que digamos.

-¡Oye! No sabes cómo estuvieron las cosas… Yo le gustaba a ella, cuando se enteró de todo aquello que decían de mí… Simplemente un día me pidió que me quedara al final de la clase y así como así me besó… Ni siquiera me gustaba.

-No, pero eso no fue lo peor… Lo peor fue cuando te mandaron llamar a ti y a la maestra esa, cuando mandaron llamar a mi padre… Todo el colegió se enteró y eso fue lo que le dolió a mi padre… Que todos se enteraran de esa manera antes que él.

-Aunque hubiese sido al revés… Dudo que mi papá lo hubiese aceptado –respiró hondo-. En serio, tengo que irme…

-¿Podemos hablar un día de estos?

-Ya hablamos suficiente hoy hermanito, y yo que tú dejaba a esa chica en paz.

-¿Quién? ¿Andrea?

-No sé a qué otra chica estés acosando.

-¿Por qué? ¿Por qué te pones así? ¿Hay algo que me tengas que decir? –le preguntó con tono serio.

-Sé lo que te digo Alexander… Solo hazme caso.

 

Samantha se alejó y caminó directo a la biblioteca, se sentó en la recepción y comenzó a recordar todo aquello de lo que había hablado con su hermano; aquella escena en particular… Donde su padre la sacaba del colegio jalándola del brazo… Mientras que llamaba a la policía y les decía que quería ver a esa maestra detrás de las rejas hasta que se pudriera.

Su mirada se tornó en un punto fijo y siguió recordando, como todos la veían como una pervertida… Como la miraban los maestros y sus supuestos amigos… Sí, allí era cuando se había dado cuenta de que los verdaderos amigos se contaban con los dedos de la mano. Sí, todo aquello había sido un caso, incluso su padre terminó cambiándola de preparatoria… Con la esperanza de nadie la recordara.

 

Pero una vez que se atrevió a enfrentar a su padre… Diciéndole que quitará los cargos contra la maestra… Simplemente porque esa no había sido la primera vez que había estado con una chica, simplemente porque aquella maestra no era la culpable de haberla “pervertido” convirtiéndola en lesbiana y simplemente porque era su hija. Su padre terminó quitando los cargos… Pero jamás la volvió a ver de la misma manera y a partir de allí la había dejado sola.

 

A Samantha ya no le dolía pensar en todo aquello, ella ya era fuerte… Todo la había vuelto fuerte, pero a veces recordaba aquellas noches donde lloraba hasta quedar dormida y al hacerlo… Un sentimiento dentro de su pecho regresaba. Pero ahora eso no era lo que le importaba, lo que le importaba ahora era Andrea, ella era lo único ahora…. Ella y su hermano… Tenía que arreglar lo que pasaba entre ellos dos de alguna forma; porque seguramente su hermano no entendería la advertencia, pues lo conocía como la palma de su mano.

 

Alexander se retiró muy pensativo, por una parte estaba algo decepcionado por no haber logrado nada con Andrea, realmente había algo que le llamaba tanto del ella, y por otra parte estaba su hermana, quien estaba más rara de lo normal, bueno, al menos más de lo que recordaba. Mientras avanzaba hacia la salida del campus recordó como las cosas habían cambiado en la casa desde lo de Samantha.

 

En su mente solo se podía mirar la cara de su padre al saber que a Samantha le gustaban las chicas, incluso la de su madre... Como lo habían tachado como "El lesbiano" cuando todos supieron lo de la maestra, Samantha pensaba que solo ella había sufrido en todo ese trayecto, pero la verdad era que él también  lo había hecho.

 

Si de alguna manera él había sido torturado por lo que decían de él o su padre, lo que realmente lo había hecho sufrir era lo que decían de su hermana, de aquella niña que hasta antes de eso era a quien defendía de todos sus amigos que querían conquistarla; sí, él había sido un hermano demandado celoso, pero después de aquello... ¿Cómo podía celar a su hermana con otras chicas?...

 

Mientras seguía pensando en todo aquello... Escuchó a lo lejos que alguien le llamaba, él se giró por todos lados hasta encontrar a aquella persona; una sonrisa se enmarcó en su rostro, pues se trataba de una vieja amiga a la que quería mucho.

 

-¡Christina! ¡No puedo creer la suerte que tengo de encontrarte por aquí!

-¡La suerte la tengo yo! No todos los días se encuentra a un sexy y apuesto pelirrojo.

-Yo también te extrañé.

Ambos se dieron un fuerte abrazo.

-¿Qué tal los negocios familiares? ¿Ya tomaste el cargo de la empresa? -le dijo bromeando.

-No, ya le estoy ayudando a mi padre con eso, pero aún no tanto como me gustaría.

-Ok, supongo que todo va paso a paso... Por cierto ¿Qué estás haciendo aquí?

-Bueno, vine a ver a una chica... -levantó el ramo de flores y puso cara de perro apaleado.

-Me sorprende... ¿No cayó ante tus encantos? -se burló.

-Bueno, yo tampoco fui muy delicado con la situación... No importa... ¿Y tú? ¿Estás saliendo con alguien?

Christina tardó unos segundos en responder, pues a ella siempre le había gustado Alexander; él jamás la había visto más que como una amiga, pero jamás había perdido la esperanza, mucho menos ahora que él heredaría toda la fortuna de su padre.

-Sí, con un chico... Pero no es nada serio... Nos vemos de vez en cuando y nada más.

-Entiendo... ¡Oye! ¿Podría pedirte un favor? -cambió de tema.

-Claro... ¿Cuál?

-Mira... Esta chica me interesa, realmente me interesa... Quizá... Podrías ayudarme con ella... ¿Podrías?

La mirada de ilusión de Christina se apagó y su expresión pasó a ser de completa seriedad.

-No lo sé... Yo...

-Mira... Sé que tú eres buena investigando y eso, ella estudia en este campus, pero sé que tienes que venir a la biblioteca a menudo... Si lo sabré yo... ¡Por favor! -imploró.

-Yo... -le miró a los ojos-. Ok... Lo haré.

Alexander se abalanzó sobre ella y la abrazó fuertemente, ella resignada simplemente le sonrió, aunque su mente ya estaba preparando algo para arreglar ese problema.

-Entonces... ¿Cómo se llama la chica?

-Andrea...Andrea Collins.

Christina hizo una mueca con boca y arrugó su frente.

-¿Andrea Collins? ¿Delgada, bajita, piel apiñonada y ojos verdes?

-¡Sí! ¿La conoces? -se alegró al instante.

-Sí, Bueno, no realmente... Es la ex de mi novio.

 

A medio día Carly y Ameli se reunieron en la cafetería como lo hacían todos los sábados, ya que a esa hora estaban oficialmente libres hasta el lunes. Tomaron asiento mientras se tomaban un jugo y se olvidaban al fin de todos sus problemas.

 

-¡Qué bueno que ya se acabaron por hoy las clases! -refunfuñó Carly.

-Ni me lo digas... Hoy mi clase de drama realmente se volvió un drama... Estaba realmente aburrida -agregó Ameli.

-Oye... ¿Crees que el chico aquel esté realmente interesado en Andrea? -preguntó Carly con un tono de incertidumbre.

-Bueno, ningún chico que no esté interesado en una chica le lleva flores.

-Sí, pero no sé... Cómo que había algo de tensión con esos tres, ¿no lo crees?

-Sí, de hecho... ¿qué hacía la lesbiana esa allí?

-Lo sé, no tengo idea... 

-Ahora que si lo piensas... Últimamente he visto a Andrea juntarse con Samantha.

-Sí, yo también lo había notado -Carly se mordió el labio-. No será que Andrea y Samantha...

-¡No! ¡Cómo crees! -gritó Ameli en un tono bastante despectivo y tan fuerte que llamó la atención de las personas cercanas.

-Ameli... -susurró Carly-. Tienes razón, eso sería horrible, pero además eso no tendría que ser la explicación más lógica.

-Explícate -exigió Ameli.

-Bueno, a mí me pareció que Samantha y el tal Alexander como que tiene algo parecido...

-Obvio... A los dos les gustan las mujeres -se rio entre dientes.

-No Ameli... Eso no, me refiero a que se parecen... Físicamente.

-Bueno... Los dos son pelirrojos, bueno, a Alexander se le nota un poco más... Como zanahoria...

-¿Zanahoria?

-¿Qué? Es la verdad, y eso le hace ver tan guapo...

-Ameli… A veces ya no me sorprende lo que se te pueda ocurrir dejar salir por esa boca… Lo que quiero decir es que quizá sean hermanos o algo así.

-¡Qué horror! Yo no sé que haría si tuviese de cuñada a una lesbiana.

 

Alrededor de las ocho de la noche Samantha ya se encontraba en su habitación; lo primero que hizo al llegar fue tomar su celular y llamar a Andrea para ponerse de acuerdo con la cena de la cual habían hablado mucho más temprano, así podría conocer más de ella y sería el mejor momento para aclarar sus dudas respecto a su hermano.

-¿Bueno? ¿Andrea? ¡Soy yo, Samantha!

-¡Hola! Pensé que jamás me llamarías –dijo bromeando.

-Ni de loca… Estaba esperando la hora solo para llamarte.

-¿En serio?

-Sí, entonces… ¿Quieres que pase por ti? O ¿Te veo en el estacionamiento?

-¡En el estacionamiento! –respondió sin pensarlo dos veces.

-Ok, ya sabes dónde encontrarme.

-¡Espera! ¿Cómo debo ir vestida? –sonó preocupada.

-Eso es lo de menos, solo me basta con que vayas… Además… Siempre te ves hermosa.

Del otro lado de la línea, Andrea no pudo evitar enmarcar una sonrisa al escuchar aquello.

-De acuerdo… Te veo allá.

 

La sonrisa de Samantha al saber que sería la primera vez que irían juntas a un lugar y sabiendo que realmente estaban juntas… Le iluminaba todo el rostro como si no existiese otra cosa en ese momento. Tan rápido como pudo terminó de arreglarse, lo cual no le costó mucho tiempo… Pues a pesar que este era un momento especial, tampoco quería sentirse incomoda usando esas intensas capas de maquillaje.

 

Cuando llegó al estacionamiento y vio a lo lejos a Andrea, recordó porque le gustaba tanto Andrea… Era inevitable no mirarla, incluso estando lejos ella se veía tan hermosa; su piel, su pelo… Sus ojos... Ella era simplemente perfecta. Levantó su mano haciéndole señas de que ya iba en camino y Andrea rápidamente le respondió levantando la mano de igual forma.

 

-Perdón por tardarme… La verdad no tengo excusas –se disculpó con Andrea.

-No importa, yo acabó justo de llegar.

-¿Nos vamos?

-Claro.

Samantha le abrió la puerta a Andrea como si fuera realmente un caballero.

-¿A dónde vamos a ir? –preguntó Andrea interesada.

-A uno de mis restaurantes favoritos, claro, si tienes alguna sugerencia también es bien aceptada.

-No, me parece perfecto lo que elijas… Yo no soy mucho de ir a restaurantes.

Al llegar al restaurante con el enorme letrero de “Guten Tag”, Andrea no tardó en recordar a alguien hablarle sobre ese lugar, sobre su buena comida alemana, su buen servicio, pero sobre todo… De sus excesivos precios.

-Este restaurante… ¿No es muy caro? –le preguntó a Samantha.

-Bueno, algo… Pero la comida es excelente, vale la pena… Además, recuerda que todo lo paga la tarjeta de mi querido padre.

-No creo que sea bueno abusar de eso…

-Tú lo llamas abuso… Yo lo llamó “Lo mínimo que puede hacer por mí”.

Al entregarle el menú a Andrea, esta no tardó en poner su cara de tragedia al no poder reconocer o saber de qué se trataba cada comida; al final, Samantha terminó eligiendo por las dos. Mientras le servían el vino, Samantha no dudo en iniciar la charla ligeramente desviada antes de comenzar a preguntar por su hermano.

-Así que de alguna manera ya conoces a la mayoría de mi familia… -se dirigió hacia Andrea.

-Bueno, pues sí… Ya conocía a tu padre de otras veces, pero a tu hermano…

-¿Lo conociste en la fiesta?

-Sí, tu padre nos presentó… Bueno, también mi padre me presentó… Ambos lo hicieron.

-¿Y qué tal?

-¿Qué?

-Mi hermano… ¿Te cayó bien? –preguntó intentando parecer desinteresada.

-Sí, supongo.

-¿Qué te hizo? ¿Por qué te llevó flores? –guardó silencio por unos segundos-. Lo siento, no quería preguntarlo así.

-No, está bien…. Es solo que…

-¿Qué?

-Él… él me besó…

-¿Qué? Ese desgra…

-Oye, pero no pasó nada… Yo lo rechacé y él simplemente se marchó.

-Sí, y ahora quiere arreglarlo llevándote flores… ¿No te das cuenta de sus intenciones?

-Obviamente sí.

-¿Por qué no le dices que no te interesa?

-Lo hubiese hecho… Pero no sé… Llegaste tú, luego Carly y Ameli… Me volví loca –le miró a los ojos con ternura-. Pero te prometo que la próxima vez que lo vea le voy a decir que no me interesa.

-Supongo que es lo mejor.

-¿Supones? –se intrigó Andrea.

-Bueno… es que cuando rechazan a mi hermano… Él siempre intenta saber por quién lo estás rechazando… No sé qué pasaría si se entera que soy yo.

-Creo que la que se tendría que preocupar de eso sería yo…

-Sí, tienes razón… Mira, dejemos a mi hermano en paz… Mejor hablemos de nosotras.

-Realmente mi vida no es muy interesante –dijo Andrea desanimada.

-Todos decimos eso, pero la vida de cada persona es realmente muy interesante.

-Pues… La mía es realmente aburrida –insistió.

-¡Vamos! Cuéntame de tu primera mascota…

-¿Mi primera mascota? –se rio.

-¿Cuál es lo gracioso? –enmarcó una sonrisa.

-No es gracioso, es solo que… Nunca he tenido mascotas.

-Bromeas…

-No, hablo en serio, es que soy alérgica a cualquier animal con pelo.

-Bueno… ¿Al menos un pez?

-No, eso de no poder acariciar a un pez… No me gusta.

-¿Tú has tenido mascotas?

-Además de mi hermano… Sabes… Creo que él te daría alergia…

-¿Por qué?

-Está muy peludo –carcajeo.

-Eso me recuerda a Lucas… -habló sin pensar.

-¿Lucas? Tu ex…

-Lo siento… Es… Lo dije sin pensar.

-¿Todavía piensas en él?

-No, la verdad es que últimamente tú ocupas todos mis pensamientos.

Las dos chicas se sonrieron mutuamente y se miraron directo a los ojos, se quedaron allí hasta que fueron interrumpidas por el mesero, quien ya había traído la cena.

 

Después de eso, la conversación se vio un poco más fluida; intentaron olvidar los temas que las inquietaban tanto y comenzaron por los temas más triviales que se les ocurrían. Cuando la noche se volvió un poco más espesa, ambas notaron que la noche se había ido volando. Andrea comenzó a buscar entre sus cosas su cartera para pagar su parte, pero Samantha no la dejó.

 

-¡Hey! Cuando dije que yo pagaba, era porque yo voy a pagar.

-No me gusta así, me siento incomoda.

-¿Lucas te pagaba las cenas? –le preguntó sin pelos en la lengua.

-Sí… Pero…

-¿Entonces? Si yo fuera hombre ¿Me dejarías pagar?

Andrea solo permaneció muda intentando buscar una respuesta a eso.

-Yo no tendré tanto pelo, ni seré tan musculosa como mi hermano…

-Ok, ya entendí… Igualdad de género –intentó ser inteligente con su respuesta.

-Si lo quieres ver así…

Samantha llamó al mesero y le entregó una tarjeta de crédito. Andrea solo le miró algo apenada y decidió no tocar más ese tema.

-Por cierto… -abrió tema Samantha-. ¿Quieres que te lleve a tu habitación en el campus?

-¿Pensabas llevarme a otro lugar? –sonó interesada.

-Bueno, pensé que quizá querrías pasar la noche conmigo…

Andrea solo le miró algo desconcertada.

-¡No de esa manera! Solo dormir… Como anoche, me gustó simplemente poder sentirte a mi lado… Además… Me gustaría que conocieras mi departamento.

-Yo… A mí también me gustó…

-¿Eso es un sí?

-Es un por supuesto.

Se miraron tiernamente al mismo tiempo que intercambiaban una sonrisa. Ambas hubiesen querido acercase la una a la otra y darse un beso, aunque fuese uno simple… Pero con tanta gente… Por ahora únicamente los silencios eran la perfecta forma de demostrarse amor.