Andrea Princesa... Samantha Príncipe

Amor Prohibido

-¿Estás bien? –le preguntó Samantha con un tono de preocupación.

-¿Qué? –preguntó Andrea un poco distraída.

-Es que… Te ves algo pensativa.

-Sí, es solo que…Ya es tarde y necesito ir a arreglar unas cosas a mi habitación, tengo una clase en la tarde y no he terminado algunas cosas.

-¿Segura que estás bien? –insistió.

Andrea se puso de pie y se acercó a Samantha para darle un simple beso muy cerca de la comisura de sus labios, Samantha en ningún momento se lo tomó en mal; pues realmente Andrea parecía distraída, como si su mente estuviese justo ahora en otro sitio.

-¿Quieres que?... No sé… ¿Te vaya a ver luego? –le preguntó a Andrea.

-¡No! digo, mira… Quizá para ti todo esto sea fácil de asimilar, pero… Necesito tiempo para poder… Solo que eso de que andemos juntas y mostrando señales de afecto por todos lados… Necesito estar preparada para eso…. ¿Entiendes?

-Claro, lo entiendo perfectamente… Ya tienes mi número de celular y ahora sabes cual es mi habitación, cuando quieras salir… Si quieres… Lo podemos hacer fuera de aquí.

-Sí, eso estaría mucho mejor.

-Todo va a estar bien, no estar sola, te lo prometo -.le recordó.

Andrea solo se acercó para tomarle la mano, le miró y sonrió levemente; aquello fue respondido con el mismo gesto por parte de Samantha, solo que esta le apretó un poco más la mano.

-Lo sé.

 

Aquel momento se extendió un poco más de lo que parecía que duraría, ambas se quedaron allí pensativas con la mano estrechada; hasta que el momento fue interrumpido por Andrea, al solar la mano de Samantha. Andrea tan solo tomo el vestido de la noche anterior y entro al baño para cambiarse de ropa, y mientras estaba allí dentro, la mente de Samantha comenzó a trabajar.

 

Su primer pensamiento fue recordarse nuevamente si todo esto estaba sucediendo en realidad, porque… Realmente todo esto había sido muy rápido y de un día para otro. “¿Y si Andrea solamente se estaba llevando por impulsos? –pensó.” Más tarde Andrea salió con el mismo vestido con la que la había recibido y se acercó hacia Samantha.

 

-Yo te llamo –sonrió levemente.

-Claro, no te preocupes… No te voy a presionar.

-Gracias… Realmente eso es muy importante para mí… ¿Lo sabes?

-Sí, lo sé…

Andrea se acercó y le dio un cálido beso, se despidió y salió de la habitación. Ya afuera miró y trató de ver si alguien conocido no estaba allí para mirar, al no ver a nadie se tranquilizó sumamente y prosiguió a caminar hacia su habitación.

 

Al salir caminar de la habitación todo el mundo, o al menos la mayoría le observaba por la forma en que iba vestida, pues nadie estaba acostumbrado a ver a alguien de aquella manera tan elegante para caminar por los pasillos del campus. Sin embargo, para Andrea el hecho de que le miraran no era otro cosa que un sufrimiento, pues a pesar de nos ser tan fijada en como las otras personas la miraran, esta vez se sentía un poco diferente; era como sentir todas las miradas sobre ella… Pero de alguna manera mucho más temerosas.

 

No sabía exactamente que hacía las cosas diferentes a que la miraran así, si incluso en la fiesta no se había sentido así, supuso que el hecho de… De aceptar lo suyo con Samantha le daba un giro diferente a las cosas y aquello de alguna manera de preocupaba, bueno, realmente le preocupaba todo… No recordaba haber hecho algo tan arriesgado como aquello, de hecho ella no era de esas personas arriesgadas y que allí por el mundo haciendo y deshaciendo.

 

Ella era más bien la chica que se pensaba muchísimo las cosas antes de hacerlas, era de esas personas que siempre le buscaban los pros y los contras a todo, sin importar lo grande o pequeñas que fuesen las cosas… Con Samantha… Bueno, con ella algo había salido algo mal como para haber hecho lo que hizo. Y aunque estaba en contra de la adrenalina, aquello con Samantha no había estado tan mal… De hecho le había gustado demasiado… Y aunque no se arrepentía, algunas cosas seguían desubicadas dentro de su cabeza.

 

Cuando llegó al pasillo de su habitación no se podía creer lo que ocurría, pues todo el mundo parecía estar en ese mismo pasillo; justo a su alcancé estaban sus padres, Sandra, Carly y Ameli… Cuando la vieron todos dieron un suspiro, como si estuviesen esperando nada más a que apareciera.

 

-¡¿Qué pasa contigo?! ¡Estábamos preocupados! –le gritó su padre desde el fondo.

Andrea solo se paralizó e incluso hasta le dieron ganas de salir corriendo de allí.

-¿Qué les pasa? ¿Qué hacen todos aquí?

-Nosotras solo veníamos a ver cómo estabas, cuando llegamos ya estaban aquí tus padres –dijo Carly.

-Sí, de hecho tus padres vinieron a despertarme desde muy temprano –añadió Sandra.

-Pensamos que te había pasado algo, incluso hasta le llamamos a Lucas para saber algo se ti –se acercó su madre mientras le hablaba.

-Estoy bien, no me pasó nada… ¿Ven? –extendió su manos hacia los lados.

Su madre la alcanzó hasta poder abrazarla, la miró a los ojos y se dirigió seriamente.

-¿Con quien pasaste la noche? ¿Fue con Alexander?

-¿Cuál Alexander? –susurró Ameli a Carly al fondo.

-¡¿Qué?! ¡No! él solo me trajo.

-¿Entonces dónde dormiste? –le exigió su padre.

-Será mejor que nosotras no vayamos… ¿Verdad Ameli? –dijo en voz alta Carly.

Las dos chicas se despidieron saludándola a lo lejos y Sandra sin decir nada, simplemente se metió y cerró la puerta.

-¿Entonces? –le recordó su padre.

-¡Papá! Eso no es de tu incumbencia, yo ya soy mayor de edad y no necesito que me andes cuidando como si tuviera cinco años.

Su padre enfurecido por tal respuesta y tomado por la situación le pegó una cachetada allí frente a su madre, quien no dijo ni una sola palabra, como si realmente apoyara tal acto.

-No sabes como me dejaste ayer en ridículo, claro, fue fácil para ti... Nada más te fuiste y ya… ¡¿Y ahora me respondes así?! Quiero que recuerdes que gracias a nosotros estás en esta universidad, así que no te quieras hacer la muy independiente con nosotros.

-Abraham… Basta –le dijo Jessica intentando calmarlo.

-No te preocupes papá… Si te refieres a si no me fui a revolcar con alguien, la respuesta es no… Así que si me permites… Tengo que irme a arreglar para irme a mis clases…

Su padre solo la siguió mirando enfurecido y con un tono demasiado serio, Andrea pasó entre en medio de sus padres y le tocó la puerta a Sandra, quien no tardó ni un segundo en abrirla. Pocos segundos sus padres se fueron y la calma regresó al pasillo.

-¿Estas bien? –le preguntó Sandra.

-Sí, no te preocupes… Así suele gritar mi padre.

-¿Tú mejilla?

-No importa… No será la primera vez que me pega.

-Pues no debería hacerlo, así no se arreglan las cosas…

-Pues es lo mismo que yo he intentado explicarle.

 

Sandra dejó en paz el tema, pues realmente no quería meterse en problemas, mucho menos en uno como este, que incluía familia. Andrea se metió a bañar y por unos minutos trató de olvidar el rostro enfurecido de su padre, que se encontraba tatuado en su mente. El agua tibia consiguió relajarla y hasta cierto punto la hizo sentir mejor, a su mente también llegó aquel recuerdo de la noche anterior, la mano de Samantha tomándola en un abrazo mientras dormía.

 

Una sonrisa se enmarcó en sus labios, y le hizo olvidar por completo todo lo sucedido. Sin darse cuenta comenzó a pasar su mano por su cuerpo, una sensación bastante placentera la invadió lentamente; bajó su mano hasta meterla entre sus piernas y comenzó a acariciarse, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo sacó rápidamente la mano, movió las perillas del agua hasta dejar salir todo el agua fría sobre ella. Una vez que el agua la sacó de aquel momento tan inexplicable para ella… Simplemente se quedó allí pensativa, y pensó en que ella jamás hacía esa clase de cosas… Salió de ducha y simplemente se dirigió a ponerse ropa limpia.

 

Por su parte Ameli y Carly no dejaban de hablar respecto a lo que había sucedido, pero si había un tema que realmente importase, era el hecho de saber con quién había pasado la noche Andrea.

 

-Bueno, definitivamente no fue Lucas –Agregó Ameli.

-Sí, eso sería tan ilógico –le respondió Carly.

-Y patético –añadió Ameli-. Andrea es muy lista como para caer de nuevo en las trampas de ese estúpido.

-Lo sé, pero recuerda que a veces cuando una esta enamorada hace cosas muy tontas.

-Claro, pero no creo que Andrea siga enamorada…

-No lo sé, quizá solo esté dolida, pero puede que aún lo ame.

-¡Mira! allá viene Rafa, salgamos de la duda y preguntémosle si vio a Lucas.

Las chicas eufóricamente saludaron a Rafael y no perdieron tiempo en preguntarle acerca de Lucas, así como no perdieron tiempo en contarle lo ocurrido hace a penas unos minutos atrás.

-Bueno, tengo entendido que hubo una fiesta en uno de los pasillos externos… Según me dijeron… Lucas fue el alma de la fiesta… Ella y “su novia” –señaló en un tono más lento “su novia” al mismo tiempo que con ambas manos doblaba los dedos índice y anular.

-Pues que bueno que no fue Lucas… -dijo Carly. –Eso solo significa una cosa... Que nuestra Andrea ya lo superó y está saliendo con otro.

Los tres afirmaron con la cabeza y sonrieron efusivamente, pues aquella idea les hacía tan felices, realmente no soportaban ver a Andrea con esa cara de tristeza andante.

 

Cuando Andrea salió de bañarse, rápidamente se vistió y pensó que quizá y si lograba apurarse, podría ir a la biblioteca a visitar a Samantha, con la simple excusa de ir a pedir un libro que le habían pedido en una clase; la idea de verla le fascinaba, pero la idea de que alguien sospechará de los suyo le hacía pensarse mejor la cosas, pues la pura idea le aterraba. Así que su plan no consistía más que simplemente ir por el libro, darle un beso en la mejilla pero de una manera tan fuerte y apasionado que lo hiciera tan diferente a otros atrás.

 

Cuando llegó a la biblioteca intentó buscar a Samantha, al principio se decepcionó por pensar que quizá hoy no estaría allí, pero cuando logró ver a la pelirroja a lo lejos, su sonrisa y alegría parecían querer escapar por todos lados. Rápidamente caminó hasta la recepción y esperó a que Samantha la notase. Cuando esta la encontró con la mirada también enmarcó una sonrisa, dejó de hacer lo que estaba haciendo y se dirigió hacia la recepción.

 

-Hola… Pensé que me llamarías… -le recordó Samantha.

-Bueno, esa era la idea… Pero recordé que necesito un libro y… Supuse que sería interesante ir por él con la chica de la biblioteca.

-Claro… -sonrió-, Supongo que es el libro de los prefijos ¿no?

-De hecho.

-Me acompañas, desgraciadamente ese libro esta hasta atrás… -le dijo jugando.

-Qué desgracia.

Ambas caminaron hacia donde se encontraba el libro, Andrea notó que por ser muy temprano no había casi nadie en la biblioteca… Lo cual le hizo sentirse un poquito más segura. Una vez llegando a la parte trasera.

-Bueno –tomó un libro-. Es este –se lo entregó a Andrea.

-¿Así de simple? ¿No habrá libros volando por todos lados y queriéndome golpear? –agregó Andrea.

-No, pero… habrá besos… ¿Te parece bien?

-Más que bien…

Samantha se acercó hacia Andrea y la empujó suavemente contra uno de los pilares, tomó su rostro entre sus manos y comenzó a besarla, Andrea hizo lo mismo pero ella la tomó de la cintura. Las dos chicas estaban allí en aquella zona, tan separadas justo en aquel momento de la vida exterior, Andrea debes en cuando abría los ojos para estar al tanto de que nadie las fuese a ver, al contrario de Samantha, que durante aquel momento se olvidó si alguien podría llegar a verlas.

 

Mientras Samantha tocaba el rostro de Andrea, se dio cuenta de que al tocar una de sus mejillas, ella simplemente hizo un sonido con su boca que indicaba dolor; dejó de besarla e intentó ver que tenía en el rostro; este parecía estar en perfecta condiciones, pero al volver a tocarla se repitió la misma escena.

 

-¿Qué pasa? –sonó preocupada.

-Nada, solo me pegué en el baño, no es nada.

-¿Segura?

-Claro, apenas salí de tu habitación me fui directo a la mía para bañarme.

-Ok, y tu… mano ¿Cómo va? –tomó su mano dándose cuenta de que la herida ya parecía haber cerrado por completo.

-También está bien ¿ves?

-¡Qué bueno!

-Bueno, ya me tengo que ir a mis clases…

-Sí, está bien… Oye ¿Te gustaría ir a cenar en la noche?

-Me encantaría.

-Ok, yo te llamo…

-¿Tienes mi número?

-Sí, ya quedó registrado la otra vez que me llamaste para lo de la película.

Al recordar Andrea todo lo que pasó aquella noche en el cine, de cómo se sentía, de lo apenada y asustada que estaba… Solo se rio de la situación dentro de su mente… Pues justo ahora todo aquello parecía simplemente absurdo.

Las dos se despidieron con un beso y Andrea caminó unos pasos y se detuvo.

-¡El libro! –recordó que no lo habían registrado.

-No te preocupes… Yo lo registro –le dijo desde el fondo.

 

Andrea se giró y le dijo formando con los labios la palabra “gracias” después se giró nuevamente y siguió su camino, cuando iba bajando los escalones de la biblioteca vio que alguien a lo lejos que le era tan familiar; se trataba de Alexander, quien cargaba con un ramo de flores y parecía estar desubicado buscando a alguien. La mirada de Andrea se envolvió en estrés y bajo rápidamente los escalones con la pura idea de irse para que no la viese.

 

Todo resultó un mal error, pues la mirada de Alexander fue atraída por una chica que parecía estar prácticamente corriendo. Cuando se dio cuenta que se trataba de Andrea le gritó y esta resignada simplemente se detuvo no muy lejos de la biblioteca.

 

-¡Hola! ¡Dios! Pensé que jamás te encontraría.

-Lo siento, tengo prisa… Necesito ir a mis clases.

-¡Oh Claro! Pero no te quito ni un minuto…

-No creo que sea buena idea.

-No, claro que es buena idea… Mira, lamento mucho lo que te hice anoche… No fue mi intención, bueno, no quiero que pienses que soy un patán ni nada por el estilo… Es solo que me deje llevar por el momento.

-Sí, eso lo noté claramente.

-Espero que puedas perdonarme y que me des otra oportunidad…

-¿Oportunidad? ¿De Qué?

-De demostrarte que soy un buen hombre.

-Mira Alexander, yo supongo que creo cuáles son tus intenciones… Por favor, no lo hagas más difíciles.

-Anda, dame la oportunidad…

Cuando parecía que la discusión no iba a tener fin, Samantha se encontraba registrando el libro de Andrea cuando a un chico se le cayeron los libros que cargaba justo en la entrada de la biblioteca, ella se acercó para ayudarlo, pero en cuanto escuchó la voz de su hermano… fue inevitable que no lo viese junto a Andrea y con un enorme ramo de flores; le entregó los libros al muchacho y se dirigió hacia donde estaban Andrea y Alexander.

-¿Qué haces aquí? –se dirigió hacia Alexander.

-¿Sam? –preguntó retóricamente-. ¿Tú que haces aquí?

-Te recuerdo que aquí estudio.

-Cierto… Todavía estudias eso de las pinturas… ¿No?

-Sí… Pero no has respondido a mi pregunta.

-Vine a ver a una amiga…

-¿Amiga? ¿A tus amigas les traes ramos de flores que cuestan como mil pesos?

-¿A ti qué Samantha? ¿Por qué te metes?

La mirada de Andrea se parecía estar desquebrajando, no sabía que hacer ni decir en ese momento, la presión por tener al hijo del jefe de su padre y hermano de Samantha era demasiado para ella.

-Vino a pedirme disculpas –dijo interrumpiendo Andrea.

-¿Disculpas? ¿Qué le hiciste Alejandro?

-Me llamo Alexander y eso no te importa.

Si una de las cosas que le molestaban a Alexander, era que lo llamaran por el nombre de Alejandro, pues el siempre presumía de tener un nombre de altura. La conversación todavía se vio más incontrolable cuando Ameli y Carly arribaron a la escena.

-¡Andrea! ¡Qué gusto volverte a ver! –dijo Carly ignorando la presencia de Samantha.

-¡Huy! ¿Cómo se llama tu guapo amigo? –dijo Ameli interesada. -¡Qué bonitas flores! ¿Son para Andrea? –le preguntó a Alexander.

-Mucho gusto… Me llamo Alexander y sí, son para ella.

Ameli era esa clase de personas que estando en el momento menos oportuno solía decir cosas sin sentido y de las cuales siempre se arrepentía, así que este no fue la excepción pues de la nada se le ocurrió preguntar algo que salía fuera del caso.

-¿Con él pasaste la noche? –le preguntó Ameli a Andrea.

Andrea y Samantha intercambiaron miradas, pues aquella respuesta la sabían a la perfección ambas.

-¡Ameli! –le dijo Carly en tono de regaño –él fue el que la trajo anoche.

-¿Qué te qué? –preguntó asombrada Samantha.

-¡Basta! ¡Por Dios! Alexander, ¡por favor vete! Y ustedes dos (refiriéndose a Carly y Ameli) dejen de meterse en asuntos que no les corresponde.

Las dos chicas se asombraron con el tono en el que les había hablado Andrea, esta le miró a Samantha dándole a entender que luego le explicaba todo, miró después a todos en general.

-Tengo clases, adiós –les dijo a todos.

-¿Tus flores? –le preguntó Alexander.

Andrea solo lo miró con cara de pocos amigos y se alejó sin agregar nada. Los cuatro se quedaron allí parados por unos segundos sin decir nada, sin embargo Ameli fue la primera en romper el hielo al dirigirse hacia Alexander.

-No te preocupes, está así porque hace poco terminó con su novio… Pero esta libre… -le levantó las cejas animándolo.

 

Samantha puso una cara al escuchar aquello, en cualquier otro caso le hubiese dicho a Alexander que se alejara de Andrea, pues estaba interesada en ella; ya que su hermano al igual que sus padres estaban al tanto de que ella era lesbiana… Sin embargo, no podía ser tan egoísta como para hacer algo así, sabiendo que si lo hacía… Sería tan probable que se lo contase a su padre y entonces… Todo llegaría a oídos de los padres de Andrea; por lo menos hasta que Andrea lo quisiese… Ella iba a ser una tumba, y si su amor no iba a ser compartido a los mil y un vientos, por ahora se tendría que conformar con un amor prohibido.