Andrea Princesa... Samantha Príncipe

Lo Que Siente el Cuerpo

Cuando Andrea y Samantha llegaron al lugar donde se encontraba el departamento, Andrea no pudo evitar sorprenderse por lo feo que se veía las afueras de este; bueno, no era exactamente feo, sino más bien descuidado y muy parecido a esos barrios donde parece que no vive nadie o vive gente sin mucho dinero. La mirada de Andrea se tornó un poco escéptica al ver tal lugar, pues sabiendo que Samantha venía de una familia muy bien acomodada y viendo ese lugar… No concordaba con la idea que ella se esperaba.

 

Samantha notó la simple expresión de Andrea y no pudo evitar reírse en sus adentros por la pura idea. Debajo del alto edificio habían unas pequeñas bodegas que al estacionarse frente a una de ellas y al presionar Samantha una especie de pequeño control remoto esta comenzó a abrirse de abajo hacia arriba automáticamente. El pequeño Mini Cooper ingreso a la bodega y ambas chicas salieron, Samantha tomó el control remoto y una vez fuera lo volvió a presionar, haciendo que la puerta se volviese a cerrar.

 

Samantha comenzó a guiar a Andrea hacia su departamento y comenzaron principalmente por subir escaleras, porque ni siquiera aquel lugar tenía elevador. La mirada de Andrea seguía igualmente asombrada por el lugar, los pasillos y las escaleras parecían estar en muy mala calidad y la limpieza no parecía formar parte de ese lugar. El polvo cubría todos los alrededores con una fina capa de tierra y en algunos lugares alcanzaba a verse algunas telarañas.

 

Cuando al fin llegaron al séptimo piso y Samantha metió la llave para abrir la puerta de su departamento se detuvo, giró su cabeza hacia Andrea y se tornó algo pensativa; después le sonrió y hasta podría decirse que le sonrió de una manera burlona.

 

-¿Estás lista? –le preguntó a Andrea.

-¿No debería estarlo?

-Por la forma en que ves el lugar…

-¡Lo siento! Es solo que este lugar no es como me lo imaginaba.

-¿Y este? –dijo al mismo tiempo que abría la puerta y la empujaba para que esta se abriese por si sola.

Una vez que esta se chocó con la pared, dejó que la mirada de Andrea viese por todo el interior que se alcanzaba a ver a simple vista. El lugar no tenía que ver nada en absoluto con el resto del departamento, este se veía tan luminoso, grande, espacioso y totalmente limpio; las decoraciones se veían sencillas y perfectas, pero lo que más llamó la atención de Andrea fue que en ningún momento logró ver paredes que dividieran cuartos… Todo estaba junto y solamente parecía ser dividido por los muebles.

-¿Entras? –intentó sacar del trance a Andrea.

-Claro.

Al ingresar y poder ver el resto del lugar, notó que un colchón sin base se encontraba en medio de lo que parecía la sala y justo al lado de este una larga barra con sillas que hacia lugar a la cocina y comedor. Aquel colchón en el suelo que se encontraba cubierto por algunas sábanas no se veía para nada mal, al menos para Andrea aquello le daba un toque moderno al sitio. El resto del lugar carecía en su mayoría de paredes exteriores a salvo de unas pocas que lo dividían del otro departamento, quizá al baño y alguna pequeña bodega, el resto se trataba de grandes ventanales que dejaban ver una perfecta vista de la ciudad. Cuando su mirada se giró hacia una esquina contraria, notó que allí era donde se encontraba la sala, la que era realmente la sala, y a diferencia del resto del departamento esta tenía un toque más moderno, pero sin duda lo que más lucía era la pantalla de plasma de 50” que era acompañada por enormes bocinas de lado a lado.

-Siempre me ha gustado el buen sonido y me encanta ver películas –le comentó a Andrea.

-Asombroso… -musitó-. ¡Este lugar es asombroso! Es tan moderno y la vez tan práctico.

-¿Práctico? Yo diría cómodo…

-Sí, muy cómodo.

-Supongo que el lugar te engañó por completo.

-¿Cómo es que…?

-Bueno, realmente todos los departamentos son engañosos… Aquí vive gente con dinero.

-¿Aquí?

-Sí, es como para engañar a ladrones y eso… Yo simplemente lo compré porque aquí nadie se mete con nadie, a nadie le importa con quién llegas o con quién sales… Además dudo que mi padre se imagine que vivo en un lugar que al menos por fuera parece residencia de vagabundos.

-Pero… ¿Es seguro aquí?

-Tan seguro como un hotel de lujo… Al menos jamás ha pasado algo por aquí.

-Un lugar como este ¿es costoso?

-Algo… A pesar de cómo se ve por fuera.

-Por cierto… ¿Quieres algo de beber?

-No… Creo que el vino me mareó un poco.

-¿Entonces un café?

-Sí, eso me gustaría mejor.

Samantha se dirigió hacia donde se encontraba la barra y comenzó a poner café del otro lado, donde se encontraba una cafetera. Andrea aprovechó el momento para seguir inspeccionando el lugar y verlo desde todos los ángulo…

-¿Por qué tienen este colchón en medio de todo el lugar?

-Me pareció cómodo, si tango hambre o necesito utilizar el baño… Solo camino un poco… Además me gustó mucho más que el otro lugar donde lo tenía.

-¿Dónde es el otro lugar?

-Por la esquina opuesta a la sala.

Andrea miró hacia aquel lugar, era donde se encontraba una de las pocas paredes del lugar… El lugar no se veía tan iluminado como el resto del lugar y justo allí había sido puesta una lámpara junto con un sillón, y al lado una enorme repisa con un montón de libros… Lo más seguro era que se trataba de una especie de lugar de lectura. Justo al lado de ese lugar había una puerta que ella pensaba que quizá se trataba de alguna bodega. Andrea se acercó con la intención de ver los libros de la repisa, pero estando allí no tardó en preguntar por la puerta misteriosa.

-¿Qué hay allí dentro?

-¿Quieres ver? –dijo en un tono misterioso mientras le entregaba una taza con café.

Andrea solo le miró y respondió a la pregunta con solo la mirada, Samantha se acercó a la puerta y la abrió… Dentro de esta habitación había una especie de estudio que también estaba iluminado, pero tenía un montón de pinturas por todos lados… Había pinceles, lienzos, fotografías y demás en aquel lugar.

-Esto… ¿Tú lo hiciste? –se acercó a una pintura en particular que atrapo su atención.

Se trataba de la pintura de la silueta de una mujer caminando sobre el agua, era tan exacta que incluso de lejos parecía ser una especie de fotografía.

-Sí, ¿te gusta?

-Es preciosa…

-¿Recuerdas que una vez me preguntaste dónde había estado toda la semana que no me viste?

-Sí… Fue una larga semana.

Samantha se acercó hacia el único lugar donde no había tanta luz y tomó un caballete que parecía tener un bastidor recargado, sin embargo, todo estaba cubierto de una tela blanca que impedía ver lo que había en ese bastidor. Samantha acercó el caballete hacia donde se encontraba Andrea y lo puso frente a ella, la miró sonriéndole y jaló la tela blanca… La mirada de Andrea parecía sacada de quicio, sus ojos simplemente se clavaron en aquella pintura y se inmovilizó por unos segundos.

-Esto fue lo que hice durante toda esa semana.

Andrea se acercó a la pintura, dejó la taza de café en una mesita y puso levemente sus dedos sobre el lienzo para sentir la textura… Aquella pintura se trataba de su mismo reflejo… Era el rostro de Andrea plasmado por pinceles.

-¿Te gusta? –le preguntó Samantha.

-¿Por qué lo hiciste?

-Porque después de ese beso… No podía sacarte de mi cabeza.

Andrea volteó hacia Samantha y la miró de una manera tan tierna e incluso hasta se le cristalizaron los ojos.

-¿Por qué lloras?

-Nadie había hecho algo así por mí… Nadie.

Andrea caminó hacia Samantha, la abrazó con tanta fuerza, tanto que parecía que se trataba de dos personas que no se habían visto en años; Samantha la abrazó de la misma manera y recargó su cabeza entre su hombro y su cuello. Las dos se quedaron allí por varios minutos, haciendo de un simple abrazo una forma de decir gracias… Samantha dejó de abrazarla y puso entre sus manos el rostro de Andrea, la miró a los ojos y con la mano derecha le quito una lágrima que se estaba derramando por su mejilla.

-Así pueda hacer mil pinturas sobre ti… Jamás me cansaré de verte tal y como lo hago ahora.

Andrea sonrió y subió su mano derecha para posarla sobre la sien de Samantha, acarició levemente su piel, después la bajó hasta su cuello y jaló a Samantha hacia ella plantándole un beso que rápidamente fue correspondido.

 

Las dos chicas comenzaron un torbellino de besos apasionados y lentamente amabas comenzaron a caminar justas hacia afuera de la habitación, como si se hubieran sincronizados, terminaron llegando hasta el colchón que estaba a mitad del departamento. Samantha se despegó por unos instantes y dejó caer al colchón a Andrea mientras la tomaba de las manos, después se sentó a su lado y siguió besándola.

 

Los que estaba sintiendo Andrea justo en ese momento era mucho más grande que ella, era algo que ya no podía controlar… Como cuando había besado a Samantha por primera vez, era como si su cuerpo reaccionara por si solo e ignorara todas las órdenes del cerebro; sin embargo, en ese momento realmente quería besarla y acariciarla desmedidamente, pues no deseaba nada ese momento más que tenerla así de cerca.

 

El cuerpo de Andrea lentamente se fue escurriendo hasta quedar por completo sobre la cama, Samantha se acostó a un lado de ella y amabas se dejaron de besar. Las miradas entre las dos parecían tener una especie de conexión justo en ese momento, era como si una pudiese ver los sentimientos de la otra a través de los ojos. Los segundos comenzaron a pasar y las dos seguían conectadas con aquellas miradas, Samantha acercó lentamente su mano hacia el brazo de Andrea y comenzó a deslizarlo lentamente.

 

La mirada de Andrea seguía clavada en la de Samantha mientras esta la acariciaba, Andrea respondió a aquello dejándola seguir con aquel acto; Samantha interpretó eso como luz verde y decidió avanzar con sus movimientos, se acercó un poco más hacia Andrea y metió suavemente su mano debajo de la blusa. Andrea permaneció estática mientras la cálida y suave mano de Samantha rozaba la piel de su abdomen y solo eso.

 

Samantha estaba lista para dar el siguiente paso y pasar su mano no solo debajo de la blusa, pero necesitaba realmente estar segura de que Andrea no sintiese eso como si se estuviera propasando, pero la mirada de Andrea no decía nada que reflejase molestia o alguna señal negatica. La mano de Samantha pasó ligeramente por debajo de su brasier y alcanzó a tocar la parte baja de uno de sus pechos, después metió un poco más la mano hasta por fin tener entre su mano el pecho izquierdo de Andrea.

 

Andrea cerró sus ojos y comenzó a disfrutar aquella sensación que le provocaba tener a Samantha tan cerca y tocándole uno de sus pechos, Samantha se levantó ligeramente para poderse acomodar mejor y metió una de sus piernas entre las de Andrea, después se pegó a esta y empezó a besarla al mismo tiempo que su mano comenzaba a presionar y dar suaves caricias al pecho de Andrea.

 

Andrea sentía como todo su cuerpo se estremecía por tener en esa posición a Samantha, su cuerpo se sentía tan diferente y extraño que no podía describirlo… Lo que su cuerpo sentía era lo más maravilloso que jamás había sentido. Samantha sacó su mano debajo de la blusa de Andrea y comenzó a correrla de nuevo hacia su abdomen, después hacia su vientre y comenzó a buscar a tientas el botón del pantalón para poderlo desabrochar, y una vez que lo logró…

 

Andrea claramente sintió como la punta de los dedos de Samantha comenzaban a introducirse en sus jeans y aquello la hizo reaccionar de inmediato; tomó rápidamente la mano de Samantha y la jaló sacándola de donde estaba; dejó de besar a Samantha y la alejó unos cuantos centímetros de ella. Samantha se sorprendió tanto de aquella reacción y simplemente se alejó de ella y se sentó, Andrea soltó su mano y se sentó de igual forma quedando frente a Samantha.

 

-¡Perdón! No quería incomodarte… -se disculpó Samantha.

-¡No! ¡No!... No te disculpes… Es que… Soy yo… No debí dejarte…

-¿Por qué? ¿No te gusta?

-No… No es eso, es que… No estoy preparada para eso…

-Tienes razón… Vamos muy rápido –Samantha bajó la cabeza apenada.

-¡No! Samantha… En serio, no es nada de eso.

-¿Entonces?

-Es que yo… Soy virgen y tener sexo me aterra… -le miró fijamente y después desvió la mirada-. Sé que suena infantil pero no me siento preparada para eso… Necesito tiempo…

Samantha acercó su mano y levantó el rostro de Andrea para que la mirara.

-No te preocupes… Eso puede esperar.

-Pero… También me da miedo esperar demasiado… Por eso me dejó Lu…cas –terminó casi quebrantando la voz.

-¡Oye! Él te dejó por idiota… Recuérdalo, además yo no pienso dejarte por algo tan banal como eso…

-Es que yo nunca me imaginé que mi primera vez sería con una chica…

-Escucha… Sé que esto es totalmente nuevo para ti, pero no por eso te debe dar miedo; yo te amo Andrea… Y cuando se ama a una persona se deben dejar los miedos atrás.

-Me amas… -musitó.

Aquella palabra significaba tanto para Andrea en ese momento… Había escuchado a Samantha decir que le gustaba… Pero no que la amase. Los ojos de Andrea se volvieron a cristalizar y su ceja izquierda comenzó a enmarcarse.

-Andrea… Ya no llores –se acercó y la abrazó.

-No es por tristeza… Es por alegría y porque me siento mal…

-¿Por qué? –dejó de abrazarla y la miró a los ojos mientras le secaba las lágrimas con solo los dedos.

-Porque quizá tu esperas más de mí… Más de lo que pueda ofrecerte justo ahora.

-Tú no me tienes que ofrecer nada… No tienes que demostrarme nada ni a nadie.

-Dijiste que me amas… Y yo no puedo decirte lo mismo justo ahora, no voy a decirte te amo hasta que realmente lo sienta… Para mí esa palabra significa mucho, pero eso no significa que no te quiera; porque sé que siento algo por ti, pero aún lo estoy descubriendo.

Aquel “Te amo” se había salido de los labios de Samantha sin siquiera haberlo pensado, pues lo que ella sentía por Andrea era algo totalmente diferente a lo que había sentido por otra chica, incluso ese “Te amo” nunca había sido usado en algunas de sus relaciones.

-Me gusta que seas sincera conmigo… Yo no te lo dije para que tú me respondieras, simplemente me salió y ya… Pero quiero que sepas que voy a esperar todo el tiempo para sientas eso que yo siento por ti.

-Me siento como la mala de la historia… -bajo de nuevo la cabeza-. ¿Y si siento lo mismo que tú? Pero quizá no lo sé expresar… -levantó la cabeza.

-Eso lo sabrás cuando tengas que saberlo.

Ambas se sonrieron y se tomaron de las manos como si no hubiese pasado nada.

-Creo que soy demasiada miedosa…

-Vas a ser valiente… Muy valiente, pero por ahora será mejor que vaya por algo de ropa para dormir… Ya es tarde.

Samantha regresó unos minutos después ya cambiada y con algunas prendas, se las entregó a Andrea y esta las tomó quedándose pensativa por unos segundos.

-¿No te molesta si me cambió en el baño? –le preguntó a Samantha.

-Está del otro lado del cuarto donde pinto –señaló.

-Gracias.

Pocos minutos después Andrea salió y se dirigió de nuevo hacia el colchón del suelo, Samantha ya lo había preparado con más sábanas y una almohada extra.

-Olvidé mi café en tu…

-Llamémoslo estudio de pintura…

-Bueno, mmm… Creo que ya debe estar frío.

-¿Te preparó otro?

-¡No! Ya tengo sueño…

-Ok… ¡Oye! Escoge el lugar que más te guste…

-Mientras vaya a dormir contigo… No me importa el lugar.

Samantha sonrió y se metió en lo que ahora ya tenía forma de cama, Andrea hizo lo mismo y se metió entre los brazos de Samantha.

-No… -se quejó Andrea.

-¿Qué sucede?

-¿Quién va a apagar las luces?

-Tú.

-No quiero pararme… Ya me estaba acomodando.

-Entonces no te pares.

-¿Lo harás tú? –preguntó con esperanza.

-No.

-¿Entonces?

-Te dije que lo harás tú… Solo di “Apagar luces”.

-¿Apagar luces?

-¡Anda!

-Apagar luces…

-Más fuerte.

-¡Apagar luces!

Tan de pronto como gritó aquella frase, todas las luces del departamento se apagaron de forma automática y todo se volvió oscuro, dejando simplemente entrar la luz de la luna por todos lados.

-¿Siempre me vas a sorprender de esa forma? ¡Oye! Y cuando hace mucho sol… Yo no veo que tengas cortinas.

-Mañana te sorprendo con eso… Esta noche me encanta como se ve tu rostro con el reflejo de la luz.

Andrea sonrió, la besó y se acorrucó entre sus brazos para quedarse finalmente dormida.

 

A Samantha le costó finalmente quedarse dormida, solo se había quedado allí mirando el rostro de Andrea y sintiendo su calor cerca de ella. Pero no era eso lo único que hacía, pues como siempre los recuerdos se venían a su mente cuando lo que vivía en el presente se relacionaba con su pasado. Justo ahora estaba recordando la primera vez que había tenido un percance sexual con una chica, sí… Definitivamente se había casi muerto del susto, sobre todo porque había sido con la que era hasta entonces su mejor amiga.

 

También recordaba que aquella vez se había negado a continuar con ello… Por lo valiosa que era la amistad con aquella chica, pero después de eso… Jamás volvieron a ser amigas. Aunque eso no significo no volverla a ver, ya que desde entonces y por querer que no la relacionaran con ella, decidió simplemente pegársele a Alexander todo el tiempo; con única intención de que pensará todo el mundo que eran novios, y que jamás pensasen que por haber sido amiga de Samantha tenía que ver algo con ella, ya que días después fue cuando ocurrió el suceso con la maestra de educación física… Pero para su mala suerte su hermano no la quería más que como una amiga.

 

-Christina tonta… -Susurró entre dientes, se acercó a Andrea, le recogió el pelo para dejar su mejilla libre y le dio un beso; después se acorrucó junto a ella y cerró los ojos para poder dormir. Andrea sintió aquel beso y el cuerpo de Samantha moverse, le agarró el brazo que estaba sobre ella y lo abrazo como si fuese un muñeco de peluche.

 

A las afueras del edificio se escuchaba una absoluta calma, pero sin duda el ruido de un auto encenderse interrumpió aquel pacífico escenario; se trataba de alguien que estaba estacionado en un lugar muy estratégico para que nadie le pudiese ver... Como si estuviese espiando a alguien.

Después, simplemente el auto se marchó y dejó que el sonido de la noche regresara a como tenía que estar.