Andrea Princesa... Samantha Príncipe

Lazos Sin Nombre

-Realmente me preocupa Andrea –le dijo Carly a Rafael.

-¿A qué te refieres?

-No sé… ¿Viste cómo estaba?

-Carly, linda… Andrea está bien.

-Aquí están los cafés –dijo Ameli sentándose y poniendo una pequeña charola en la mesa-. ¿Qué les pasa? Se ven preocupados… Ah ya… ¿Es por lo de Andrea? Carly, no te preocupes por Andrea… La otra vez que fui a dejarle unas cosas a su salón me fije muy bien y todas las chicas son bonitas.

-¿Y eso qué? –refutó Carly.

-Pues que no son lesbianas… ¿Las lesbianas son feas, no? Bueno, menos en las películas…

-Ameli… Creo que hasta hoy llegó tu dosis de racionalidad –le respondió Rafael.

-¿Rafa? ¿Cómo me puedes decir eso? Si acaso la que siempre me insulta es Carly.

-Él tiene toda la razón Ameli… Además ¿No se supone que la de la biblioteca es lesbiana? Y para nada esta fea.

-Sí, de hecho es muy bonita… Entonces no creo que sea lesbiana –volvió a reiterar Ameli.

-¿Saben qué chicas? Sera mejor que me vaya, tengo que llevar algunos trabajos… -levantó la voz Rafael para romper con ese tema tan incómodo.

-Bueno, pero si ves a Andrea, dile que Ameli y yo la extrañamos…

-Se lo diré.

Rafael estaba muy angustiado por toda esta situación, por una parte se sentía responsable de la protección de Andrea, ya que de alguna forma había propiciado la ruptura de ella y Lucas. Sin embargo, le alegraba bastante que ya no estuviese sola y que a pesar de lo raro que resultara lo estuviese con una chica.

 

A él siempre le había encantado la idea de tener una novia con la cual hablar de los temas más raros  e incluso vetados del mundo, para su mala suerte esa no era la clase de persona que había en Carly, aun así la amaba e intentaba ser paciente con ella, porque aunque había cosas que le desagradaba de ella, como su obvia homofobia, no había nadie más que lo hiciera tan feliz. En cuanto dejó a las chicas lo primero que hizo fue ir a buscar a la chica de la biblioteca, quería advertirle de lo que había sucedido en el salón de Andrea y que quizá sería bueno que anduvieran con más cuidado.

 

Cuando llegó a la biblioteca no tardó mucho tiempo en encontrar a la chica del cabello pelirrojo, se adelantó hacia ella y fue paciente hasta que ella se desocupó por completo.

-Hola…

-Tú… -le dijo Samantha en voz baja.

-Rafael…

-Cierto… Algo me dijo Andrea. Yo soy Samantha… ¡Oye!, espero que no vengas a chantajearme porque créeme que no lo vas a lograr.

-¡Espera! Espera… Yo soy amigo de Andrea… No enemigo, vengo a ayudar.

-La mejor forma de ayudar es que no se te ocurra hablar de lo que viste.

-Pues quizá yo no sea la única persona que lo sabe… ¿o me equivoco? –la miró preocupado.

-¿A qué te refieres? ¿Conoces a esa persona? Porque tengo unas cuantas cosas por decirle…

-¿Conocer? No…

Cuando Rafael comenzó a explicarle todo lo que había visto y primordialmente el mensaje del pizarrón la mirada de Samantha comenzó a decaer en pico, ya no sabía si tenía que gritar o simplemente ahogarse en su llano interno. Una vez que Rafael terminó por contarle todo no dudo en compartir todo por lo que estaban pasando, y aunque no conocía  mucho a Rafael había algo en él que le causaba confianza.

-Entonces… ¿Qué opinas? –le preguntó a Rafael.

-Mira… Yo no sé mucho de psicología, pero sea lo que sea que esté pasando… Es algo muy personal, me refiero a que puede que sea alguien a quien conocen… alguien que se las está cobrando.

-Sí, pero el problema es que no sé de quién… Si de mí o de Andrea. Por mí no hay problema… Quien no sabe que soy lesbiana piensa que lo soy…

-Entonces… Lo más seguro es que sea por parte de Andrea.

-Yo ya no sé exactamente qué hacer… La amenaza es directa… Esa persona se empeña por asustarnos de que le va a decir lo nuestro a todos… ¿Pero con que objeto? Ni siquiera parece extorsionador como para pedir algo a cambio.

-Mira, Sam… ¿Puedo decirte Sam? Yo no soy guardaespaldas ni tengo músculos para protegerlas… Pero las voy a cuidar, sé que quizá tú seas mucho más apta para proteger a Andrea… Pero voy a estar allí, miraré por todos lados y trataré de verlas lo más seguido que pueda… Igual y en una de esas cacho a Mr. o Miss misterioso…

-Muchas gracias Rafael… Rafa… Para mi es importante lo que haces por nosotras y de seguro para Andrea también…

-Yo solo hago lo que un amigo hace… Bueno, cuando veas a Andrea mándale mis saludos, yo tengo que irme… Pero si necesitan algo solo llámenme, Andrea tiene mi número.

-Créeme que vamos a necesitar tu ayuda.

Minutos después de que Rafael dejará la biblioteca no tardó mucho en llegar Andrea con la mirada caída, parecía estar en otro mundo y a la vez bastante consternada.

-Andy… ¿Qué sucede? ¡Espera! No tienes que contármelo… Rafael vino hace unos minutos y me contó todo… Ésta está preocupada y nos ofreció su ayuda…

-Sí, Así es Rafa… Como un ángel o algo así.

-¿Quieres hablar?

-¿De qué? ¿De qué podría terminar con esto si simplemente salgo gritando que soy lesbiana? ¿Si se los digo a mis padres?

-Nadie ha hablado de eso.

-Como sea, por ahora no tengo que preocuparme por el mensajito del salón… Una chica habló en voz alta y defendió a los homosexuales como si se fuera a acabar el mundo… Para su mala suerte se llama Alín… Ahora es la principal sospechosa.

-A mí también me dejaron un mensaje, justo anoche después de acompañarte a tu habitación.

-No me lo digas… Me da igual, de seguro es otro burdo intento de asustarnos.

-De hecho es exactamente eso… Oye, cambiando de tema… ¿Ya tienes planes para navidad?

-Pero si todavía falta para eso…

-Bueno… Pensé que quizá sería bueno pasarlo juntas, olvidarnos de todo eso y relajarnos.

-Pues por mí no hay problema, la pasaría con mi familia… Pero después de la muerte de mi hermana y no festejan ni siquiera mi cumpleaños.

-¿Hablas en serio?

-Bueno, mi cumpleaños sí… Una pequeño pastel y cosas así, pero navidad, año nuevo y todo eso murió, su excusa es que les recuerda mucho la unión familiar que alguna vez tuvimos los cuatro.

-¿Entonces dónde pasa navidad y año nuevo?

-Con mis amigos… y la pasada con Lucas.

-Bueno, pues tú y yo vamos a pasar navidad justo al lado de la playa.

-¿Playa?

-Sí, mis abuelos me regalaron una pequeña casa al lado de la playa cuando era pequeña… Está justo a las afueras de la ciudad, cerca de la playa del camino viejo.

-¡Eso sería maravilloso!… ¡Espera! ¿No vas a pasar navidad con tu familia? –le preguntó a Samantha sin pensarlo-. Lo siento… No pensé.

-No importa… A veces suena patético pensar que mi padre no quiera verme ni en navidad, sabes… Todos se reúnen en la hacienda de mis abuelos y una vez fui a pesar de todo… Todos en mi familia lo entienden y hasta cierto punto lo aceptan… Pero sí mi padre no quiere ni mirarme a los ojos… No hay muchas razones parar ir.

-Supongo que así será con el mío… Porque incluso creo que mi madre me comprendería… Pero él no, nunca.

-Lo que me dijiste el otro día… Que tu padre te pega…

-No quiero hablar de eso.

-Me preocupas, me preocupa lo que pueda hacerte tu padre.

-Estaré bien, de hecho quería decirte que ya lo he pensado bien… Al menos dame navidad, quiero pasar navidad sin esa tristeza de que mi padre me rechace; después de navidad te prometo que le diré todo a mis padres.

-Andrea, yo no te estoy obligando a nada… No tienes que prometerme cuándo les dirás a tus padres lo nuestro o no, eso puede esperar.

-Falta un mes para navidad, y quizá es mucho tiempo para decírselos antes de que les vayan con el chisme… Pero creo que sería lo mejor, para mí esa es mi forma de demostrarte que yo también puedo ser valiente.

-De acuerdo, sí esa es tu decisión. Pero prométeme que me vas a tener cerca cuando se los digas… No quiero que tu padre…

-No te preocupes, pero mí idea es que primero te conozcan.

-¿Qué?

-Piénsalo, si les caes bien y además les decimos la verdad… de que eres hija de su jefe, cuando les diga no sea tan duro.

-Pues…

-De eso a que salgas de la nada…

-Ok, creo que es buena idea…

-Entonces… ¿Qué tal si hoy los conoces?

-¿Hoy?

-Hablé con ellos en la mañana y mi madre me invitó a comer… Le dije que si podría llevar a una amiga…

-Andy, Andy… Andy…

 

Justo un poco más tarde Andrea y Samantha se reunieron en el estacionamiento, por primera vez su padre no iba a pasar por ella, esta vez Samantha la llevaría. Como Samantha no conocía realmente a los padres de Andrea había tardado horas en elegir el atuendo para esa comida, al final había optado por unas jeans entubados, unos zapatos cafés bajos y una blusa bastante femenina, eso además de recogerse el cabello con una trensa que le caía del lado derecho del hombro. Cuando Andrea la vio parada justo al lado del Mini Cooper se le saltaron los ojos al verla de esa manera, para ella no había cosa más hermosa en ese momento.

-¿Qué…? ¿Qué sucedió contigo? –le gritó desde lejos a Samantha.

-Lo sabía… Será mejor que regrese por los zapatos de tacón –respondió asustada.

-¡¿Qué?! Así te ves… te ves hermosa.

-¿De verdad?

-Siempre… Pero hoy... Aunque ese no es tu estilo… No eres tú –se acercó a Samantha y se paró justo en frente de ella.

-Bueno, no es que no sea mi estilo… Es solo que soy algo floja para todo eso de vestirme, apenas si uso maquillaje y es más cómodo usar converse.

-¿Me estás hablando en serio? O ¿solo quieres quedar bien con mis papás?

-Es en serio, ya verás que me voy a vestir más seguido así, pero no pidas imposibles… Todos los días no.

-Siempre tan versátil, Sam.

Cuando el Mini Cooper se estacionó en frente de la casa de Andrea ambas se guardaron silencio antes de decir una sola palabra, así hasta que Samantha rompió el hielo.

-Entonces vamos a decir toda la verdad excepto que estamos saliendo juntas.

-Sí, todo menos que somos novias.

Para los oídos de Samantha escuchar la palabra “Novias” era una especie de melodía, sus ojos se iluminaron al mirar a Andrea y esta la miró algo desconcertada.

-¿Qué? ¿Eso somos, no?

-Sí Andy, eso somos.

Mucho antes de entrar a la casa ya se podía oler el delicioso aroma de un guisado en su punto, aroma que creció cuando Andrea abrió la puerta. Los padres de Andrea se encontraban en la cocina hablando cuando fueron interrumpidos por esta.

-¡Mamá! ¡Papá!

El rostro de Andrea parecía estar bastante templado, pero realmente por dentro se estaba muriendo de miedo aun sabiendo que no les iba a contar lo suyo con Samantha.

-¡Mi amor! –gritó su madre eufóricamente y la abrazó.

Su padre se acercó e hizo lo mismo.

-Mamá, papá… Quiero presentarles a Samantha, ella es una compañera de mi escuela… Yo le dije a mi mamá que ya había quedado con ella y me dijo que mejor la invitara.

-Y yo acepté –terminó de decir Samantha-. ¡Mucho gusto! –saludó a ambos estrechando sus manos.

-¡Qué bien que pudiste venir, Samantha! Disculpa… ¿No te hemos visto antes? –le preguntó la madre de Andrea.

-Sí, también te me haces familiar –agregó su padre.

-Bueno, es que ella es hermana de Alexander Vondegan y obviamente hija de tu jefe.

-¿Vodegan? Es cierto, tienes todo la cara de tu padre, Darío.

-Bueno, de hecho dicen que me parezco más a mi madre.

-Pues tu madre debe ser una mujer muy hermosa –agregó el padre de Andrea.

-Te pareces mucho a tu hermano… En fin… Será mejor que vayamos a comer o se enfriará la comida.

Durante la comida el padre de Andrea no dejó de preguntarle a Samantha cosas acerca de su padre, sobre todo porque jamás lo había escuchado hablar de una hija… A lo que ella respondió bromeando que su padre siempre había deseado barones en la familiar, cosa que de alguna manera le hizo mucha gracias a ella misma. Al terminar de comer la madre de Andrea les ofreció el postre y hasta entonces las cosas parecían ir de maravilla.

-¡Chicas! Me van a disculpar pero todavía no está el pay de nuez que estaba preparando.

-No te preocupes mamá, voy por unas cosas a mi cuarto mientras se termina de cocinar… Samantha… ¿Me acompañas?

-Claro… y ¡Muchísimas gracias por la comida! ¡Estuvo deliciosa!

-¡Qué bueno que te gusto! Andreita es algo melindrosa para la comida, debería aprender de ti... Para que crezca así de grandota como tú –dijo el padre de Andrea mientras veía el plato de su hija aún con los vegetales casi intactos.

-De acuerdo chicas… Yo les llamó –agregó su madre.

Samantha solo se limitó a sonreír, pues le hubiese encantado decir que su hija era hermosa y perfecta con esa estatura, pero eso sería suicidio. Después de subir las escaleras las dos chicas entraron en la habitación de Andrea, Samantha solo observó por todos lados y se asombró al ver como todo se veía tan ordenado.

-No sabía que eras obsesiva compulsiva…

-No soy yo… Es mi madre, el último día antes de que me fuera a la universidad ella me ayudó a limpiar… Desde entonces sigue así.

-Me preguntó cómo estará mi habitación –dijo Samantha casi susurrando.

-Entonces… ¿Cómo te cayeron mis padres?

-Muy bien, la verdad es que son muy buenas personas… Tú padre ni siquiera parase ser la persona de la que me has hablado.

-Las apariencias siempre engañan, por cierto… Casi me muero de la risa con lo que dijiste de tu padre y los varones.

-¿Qué? En cierta parte es verdad… Aunque no le resultó de la forma que esperaba.

-Eres increíble… ¿Lo sabes?

-Hago lo posible.

-Ven, quiero enseñarte algo.

Andrea sacó de un cajón un viejo álbum de fotos y lo abrió justo en una página en específico, se sentó en la cama e invitó a Samantha a sentarse junto a ella.

-Ella es mi hermana –señaló a una chica.

En la foto había dos chicas, una de dieciocho junto a Andrea que parecía de al menos unos quince años, ambas se encontraban en una feria y cargando un enorme oso casi del tamaño de Andrea. La hermana de Andrea se veía bastante diferente a Andrea, ella llevaba el pelo teñido de un completo negro mientras que su atuendo se veía mucho más fuerte que incluso Andrea actualmente.

-¡Espera! ¡Ese oso es el mismo que está allí en frente! –dijo Samantha señalando al enorme oso sentado en una silla de madera.

-Sí, mi hermana lo ganó y me lo regalo… Justo un mes antes de que muriera… Por sobredosis.

-¿Sabes que no tienes que decirme eso?

-Pero quiero… Todos dicen que murió por sobredosis, yo todavía no lo creo. En aquel entonces mi padre tomaba mucho y nos golpeaba… A veces pienso que ella lo planeó todo, lo que no entiendo es por qué me abandonó a mí.

-A veces hay cosas que no se necesitan entender, simplemente pasan y no hay nada que podamos hacer.

-Como lo que sentimos tú y yo.

-Como lo que sentimos tú y yo, Andy…

En aquel momento fue inevitable, incluso porque lo hubiesen deseado, no mirarse a los ojos con esa especie de conexión que ambas desconocían, con esa unión tan fuerte que las unía día con día y que se volvía más fuerte con cada segundo que estaban juntas… entre ella se había formado un lazo que no se podía explicar con palabras o de una manera científica, simplemente no tenía nombre. Andrea se acercó lentamente hacia Samantha y esta sin soltar el álbum en ningún momento se acercó y besó a Andrea con tanta pasión como ternura.

-¡Dios santo! ¡Andrea! –gritó su madre que se encontraba parada en la puerta.

-¡Mamá!

Ambas chicas se separaron y Samantha del susto dejó caer el álbum al suelo. Andrea se puso de pie y se acercó corriendo hacia su madre.

-Mamá, puedo esplicarlo…

-¿Qué sucede? –dijo su padre que ya se encontraba subiendo las escaleras.

Las tres mujeres en la habitación guardaron un absoluto y profundo silencio que permitía únicamente escuchar los pasos del padre de Andrea al ir subiendo las escaleras.