Andrea Princesa... Samantha Príncipe

Realidades Difusas

Al llegar a la puerta de la habitación esta se abrió automáticamente, en el marco se asomada la cabeza de Sandra que después giró hacia las tres chicas que se acercaban al lado de un alto hombre. Sandra salió por completo, se paró frente a ellos y se cruzó de manos.

 

-¡Hola Sandra! Qué bueno que aún sigues aquí, justo he terminado el papeleo y traído mis cosas para dejarlas dentro de la habitación. –dijo Andrea mientras soltaba a Lucas y se adelantaba.

-Que bien, pero él no entra… recuerda las reglas. –miró hacia donde estaba Lucas.

-Pero sólo me va ayudar a meter mis maletas.

-Entonces que sea rápido y bajo mi presencia. – miró nuevamente a Lucas.

 

Lucas tomó las maletas y pasó a la habitación mientras Andrea y las chicas se quedaban cerca de la puerta esperando a que saliera. Poco después de entrar volvió a salir con una mirada de héroe. Todos ahora parecían emocionados de poder ir a recorrer el campo y mostrarle a Andrea lo que ahora sería su segunda casa. Durante el recorrido Andrea y Lucas no se soltaron ni un solo segundo, así mientras ellos caminaban Carly y Ameli hablaban y hablaban sin dar tregua a sus cuerdas vocales.

 

El recorrido fue bastante satisfactorio para  Andrea, las chicas le enseñaron cada rincón del campus, llegaron desde la cafetería hasta el gimnasio y después desde la sala de maestros hasta donde terminaba el campus de Bellas Artes y comenzaba el campus de Química, justo aquí era donde más le interesaba a Andrea conocer la ubicación; ya que aquí era donde vendría en sus tiempo libres la mayor parte del tiempo.

 

-¿Me vas a llevar a tu habitación? –preguntó Andrea a Lucas en un tono muy acaramelado.

-No lo creo chaparra, aún hay cajas por todos lados, un chico nuevo se acaba de mudar conmigo y justo ahora es un desastre.

-Pero al menos muéstrame dónde es, así podré venir cuando quiera.

-De acuerdo, sólo procura avisarme cuando vayas, el tío con el que estoy parece ser algo exhibicionista y no me gustaría que vieses esa clase de arte contemporáneo.

-Huy…Arte…suenas tan como…

-¿Cómo tú? –tomó a Andrea de la barbilla y le dio un beso.

-Ok, supongo que aquí termina nuestro tour, será mejor que Carly y yo nos vayamos.

-Claro chicas, gracias por todo.

 

Las dos chicas se encaminaron a salir del campus y se perdieron a lo lejos. Lucas llevó a Andrea hasta la habitación 33. Llegando a la puerta Lucas sacó de sus pantalones unas llaves para poder abrir la puerta, sin embargo, las volvió a meter y se volteó hacia ella.

 

-En serio, esta un asco allá adentro, mejor otro día…yo te aviso cuando este limpio.

-Vale, supongo que yo también me tengo que ir; tengo que acomodar mis cosas y prepararme para ir a las clases introductorias mañana.

-Si, tienes razón, te acompaño a tu campus.

-No, yo me voy sola, quiero caminar de regreso sin tener ese sentimiento de inutilidad.

-Andy, tú no eres… -Andrea se paró de puntitas hasta alcanzar sus labios y regresó a su posición.

-Ya se. –se giró y salió a paso duro de los pasillos.

 

Lucas volvió a sacar las llaves y abrió la puerta, dentro más que el desorden que había plasmado en la imaginación de Andrea parecía una especie de campo de hospitalización, el lugar estaba perfectamente limpio, paredes blancas y relucientes, luces florecientes y espacios realmente amplios.

 

En el fondo, delante de un monitor de computadora se encontraba un chico rubio de pelo rizado con unos audífonos y hasta donde Lucas podía escuchar se trataba de música. Con un tono de maldad en su sonrisa se acercó lentamente detrás del muchacho con la más marcada intención de darle un susto. El muchacho se quitó los audífonos y se dio vuelta con todo y la silla de ruedas.

 

-No lo intentes, te escuché perfectamente.

-Siempre arruinándome las cosas Rafa. –se regresó decepcionado y se acostó sobre la litera junto a la ventana.

-¿Con quién venías? Te escuché en la puerta hablando con alguien.

-Ah, no era nadie, sólo unas amigas y Andrea.

-¿Andrea? ¿Tu novia?

-Si.

-¿Y por qué no la pasaste?

-¿Para qué? Se hubiese quedado horas, y yo dentro de unos minutos tengo una fiesta en departamento de Julio.

-La hubieras invitado.

-No… Andrea no es del tipo que le gusten las fiestas, ella es… es de esas que prefieren ir a un aburrido museo o a cuidar abuelitos chimuelos, y acá la fiesta se va a poner bomba. Vamos a darle la iniciación a los nuevos, así que prepárate novato.

-Que va, no pienso ir.

-¿Y perderte de tu iniciación? Eso sin incluir que van a llegar las chicas de primer ingreso y a ella si que les asemos una bonita iniciación.

-Oye basta, tú tienes novia.

-No voy a ser nada malo, sólo me voy a divertir como en una fiesta cualquiera, y ándale, apúrate que ya casi es hora de irnos. –Rafa hizo una muesca con la boca, se paró de la silla, tomó una chamarra del perchero y salió junto con Lucas.

 

Cuando Andrea llegó por fin a su habitación notó que Sandra no se encontraba, así que decidió echarle un vistazo mucho más fino a la habitación mientras acomodaba poco a poco el contenido de sus maletas. Lentamente las maletas se fueron vaciando hasta quedar completamente vacías, cuando se dio cuenta que estaban vacías las arrumbó en una esquina y agotada por el largo día se sentó sobre su cama, miró la pecera que se encontraba frente a ella y se levantó para darle de comer a los pequeños peces coloridos.

 

Dentro de esta nadaban cinco peces: dos amarillos, uno rojo manchado de blanco, un pequeño azulado y uno gris casi negro. Su mirada se centró en aquel pequeño pez gris, quizá no era un pez colorido ni grande, pero aun así su color era muy hermoso y brillante; no encajaba en los demás pero el contraste se veía tan hermoso entre los demás peces, hacían que la pecera se viese perfecta. Su concentración enfocada se rompió justo cuando la puerta de la habitación se abrió, era Sandra entrando con dos cafés en las manos.

 

-No sabía que te gustaría… Así que opté por lo tradicional, café.

-Me gusta el café, gracias. –recibió el café y se volvió a dirigir hacia la cama.

-Creo Andrea que será mejor que descanses, porque si crees que hoy fue un día duro es que no sabes lo que significa realmente ser universitaria. –Andrea frunció la boca y levantó la ceja izquierda tal y como solía hacerlo cuando cambiaba drásticamente de ánimo. Asintió con la cabeza y terminó hasta el último sorbo de su café, se puso ropa cómoda y se metió en cama.

 

Los sueños de Sandra comúnmente terminaban interrumpidos por su reloj biológico que la hacía despertar a una hora tan exacta que no le era necesario usar alarma. Lo que no sabía era que Andrea compartía la misma característica, sin embargo el defecto de Andrea era que al dormir estresada o con alguna angustia despertaba mucho antes de lo normal; al dormir relajada y feliz solía dormir como oso y despertar hasta que alguien o algo después de mucho esfuerzo lograse despertarla.

 

Para su mala suerte, Sandra había hecho que Andrea durmiera preocupada por su primer día de clases; tan temprano como pudo, Andrea se levantó para poderse arreglar y estar perfecta. Los ojos de Sandra se abrieron gracias al fuerte ruido que entraba por sus oídos, al parecer se trataba de una secadora de cabello. Sandra aturdida sólo se dio media vuelta y se cubrió con las cobijas; aún quería dormir, pues sus clases comenzaba mucho más tarde. Al final sólo escuchó la puerta abrirse y cerrarse, Andrea ya se había ido.

 

Andrea llegó mucho antes al que sería su salón de introducción, como todavía no había llegado nadie se sentía libre de poder escoger el asiento que ella quisiese. Tomó uno de los lugares medios en el centro del salón y se sentó a esperar… Poco a poco el salón se fue llenando de chicos de todas clases, algunos alegres le saludaron y muchos otros simplemente se sentaron a esperar a que el profesor o profesora llagara.

 

Pronto llegó una maestra muy elegante, Andrea le calculaba al menos unos 40 ó 45 años, tenía una mirada de pocos amigos que hizo que el salón entero silenciara al instante. Sin embargo, una vez que empezó a hablar Andrea supo que esa faceta tan sólo era una errónea percepción que casualmente todo el mundo suele hacer cuando conoce a alguien por primera vez. La clase se tornó muy perfecta a como ella se la había imaginado, el tiempo corrió tan rápido y al final sintió como si la hora y media hubiesen sido 20 minutos.

 

-Espero que la clase haya sido de su agrado, pero antes de terminar quisiera que se fuesen leyendo un libro llamado “El arte de las letras”, es un buen libro para comenzar, el autor es anónimo así que si no lo encuentran será mejor que se den una visita por la biblioteca, allí tienen como 15 ejemplares. –dijo la profesora mientras metía sus cosas y los demás alumnos abandonaban el salón.

 

“¿La biblioteca?” Andrea recordó que ese había sido el único lugar donde Carly y Ameli no le habían llevado “Claro” después de todo lo que decían acerca de la chica de la biblioteca era obvio que no lo habrían de hacer. Así que su trabajo ahora sería encontrar la biblioteca, si una cosa que Andrea odiaba era leer un libro virtual cuando podía tenerlo con pasta y hojas. De persona en persona logró al final dar con la ubicación de la biblioteca; la entrada era bastante enorme y hermosa, desde fuera podía ver los estantes llenos de libros y a comparación de las tradicionales bibliotecas esta se encontraba llena de luz y vida. Cuando entró vio muchas personas leyendo y otras buscando libros, sin embargo no toda la biblioteca estaba iluminada pues también había una zona con poca luz donde alguno que otro prefería estar.

 

Andrea quiso probar buscar el libro por su cuenta, sin embargo al ver tantos estantes decidió buscar a la encargada de biblioteca. Cuando identificó recepción se dio cuenta que quien atendía la recepción era una mujer de muy avanzada edad, sin más ni menos, ella caminó hacia la recepción y se paró frente a la mujer.

 

-¿Qué desea señorita? – la señora enfocó a Andrea a través de sus gruesos lentes.

-Necesito un libro llamado “El arte de las letras”

-¿Tienes tu credencial para ver si estas dada de alta?

-Si, aquí esta. –se la entregó. La anciana parecía muy confiada, sin embargo, comenzó a tardar mucho y parecía estar totalmente desubicada. Andrea comenzó a desesperar y la muesca en sus labios conjunto con la ceja levantada empezaba a surgir en su rostro.

 

Cuando Andrea empezó a optar por irse la anciana se volteó y sonrió alegremente saludando a alguien detrás de Andrea. Detrás de Andrea venía Samantha, dio la vuelta e ingresó a la recepción.

 

-¡Samantha! ¡Qué bueno que llegaste!, tengo problemas con esta chica… No logró encontrarla en el sistema.

-Marisol… ella es de nuevo ingreso, ni siquiera está dada de alta en el sistema; anda, vete a descansar que yo me quedo aquí toda la mañana. –Marisol decepcionada ante su incompetencia se retiró susurrando entre dientes “Hay…ya estoy vieja”

-De acuerdo, no te preocupes… No tardaré mucho. –le dijo Samantha a Andrea mientras ingresaba datos en el computador. Andrea le sonrió y lentamente su ceja volvió a regresar a su sitio. Andrea con curiosidad la observaba preguntándose una y otra vez el porqué de sus amigas en advertirle respecto a lo que supuestamente se decía de Samantha. Para Andrea, simplemente era una chica con jeans entubados, un par de converse y una playera blanca muy delgada que dejaba notar su brasier de color rojo; el cabello lo traía igual que la vez anterior…algo desajustado pero aun así el tipo de cabello ondulado y castaño rojizo le hacía ver bastante bien.

-¡Listo! Ya estas dada de alta ¿Qué libro vas a registrar?

-Ha… es “La letra del arte”

-Mmm…No será ¿”El arte de las letras? –Andrea se apeno, enrojeció su piel apiñonada y volvió a levantar la ceja.

-Si…”El arte de las letras” ese es.

-¿Me lo prestas para ingresarlo?

-Ese es el problema, aún no lo he buscado…Hay tantas repisas que no sé por dónde empezar.

-¿Sabes qué? Hagamos algo, no debería irme de aquí…Pero podría abandonar mi puesto un par de minutos y ayudarte a buscarlo; bueno…Realmente se dónde está, así que nos llevaremos menos de un minuto.

-Eso sería de mucha ayuda, pero si te causo algún problemas por dejar aquí solo.

-No para nada, ¡anda! Ahorita hay poco flujo.

 

Ambas se dirigieron hacia los estantes posteriores, Andrea caminaba por detrás de Samantha mientras esta caminaba muy segura hacia donde se encontraba el libro. Cuando por fin Samantha se detuvo, tan sólo se paró de puntitas y fácilmente alcanzó entre las repisas superiores y tomó el libro que tanto buscaban.

 

-Y… Aquí esta. –le entregó el libro a Andrea.

-Sí que es… grande.

-Algo… Pero apuesto que alguien como tú lo leerá muy rápido.

-¿y por qué dices eso?

-Estudias letras ¿no? bueno, eso dice tu credencial.

-Sí, pero yo soy más de escribir que de leer, aunque me fascinan las dos cosas.

-Bueno, si te sirve de algo… Te puedo dar desde ahora el libro de “historia del arte” ese siempre lo piden a todas las secciones en primer semestre y tenemos muy pocos.

-Eso sería genial.

 

Samantha redireccionó en su mente, dio media vuelta y señaló hacia unos cuantos estantes más adelante.

 

-¡Vamos! Es por allá. –Andrea le agradeció con un sonrisa y ambas se dirigieron hacia el punto en común. Una vez en el sitio correcto Samantha miró hacia arriba y suspiró al darse cuenta que el libro se encontraba demasiado alto, miró alrededor y notó una pequeña escalera cerca; la tomó y regresó poniéndola justo a un lado de Andrea, subió y volvió a estirarse para poder llegar hacia el libro con dificultad, cuanto lo tomó con la mano derecha un sentimiento de logro la invadió, pero junto con este se vino uno más que salió de la repisa y se dirigió directo hacia abajo. Samantha advirtió la caía del libro y rápidamente jugó con sus brazos para poder alcanzarlo y evitar que cayera sobre Andrea.

 

Andrea dio un pequeño grito y levantó las manos sobre ella para poder cubrirse, al final jamás sintió algún libro sobre ella; dándose cuenta de que también había cerrado los ojos se decidió a abrirlos lentamente. Para su sorpresa Samantha se encontraba con un libro en cada mano y Andrea sostenía y apretaba fijamente la muñeca de la mano de Samantha.

 

-Si me sueltas creo que ayudaría a que la circulación de mi sangre retome su curso. –Dijo Samantha con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Andrea asintió, presionó sus labios y soltó a Samantha.

-De acuerdo, llevemos estos libros al registro y este lo dejamos en su sitio. –volvió a regresar a su posición erguida sobre la escalera y regresó el libro caído a su lugar.

 

De regresó en recepción Samantha rápidamente marcó y registro ambos libros en la computadora. Andrea por su parte y recuperada de un buen susto se recargó sobre la mesa y siguió observando como hacía su trabajo. Regularmente cuando Samantha estaba nerviosa tomaba su pelo y lo recogía detrás de su oreja, así que sin poder evitarlo…Lo hizo. Dirigió una leve mirada hacia Andrea, esta le sonrió levemente y regresó de nuevo hacia el monitor.

 

-¡Listo! Es todo. –le entregó los libros.

-Gracias, no sé qué hubiese hecho sin ti… Ni de loca hubiese alcanzado esos libros.

-No fue nada… ¡ha! Por cierto, tienes una semana para regresarlos o volverlos a registrar.

-Ok, creo entonces me tendrás que ver la semana que viene.

-Con mucho gusto. –Ambas se sonrieron mientras Andrea le decía adiós con la mano derecha.

 

Samantha le miró mientras esta se dirigía hacia la puerta, regresó su mirada al monitor y cliqueó un botón donde se expedía el perfil del alumno; de pronto en la pantalla apareció la foto de Andrea. La observó detenidamente y sonrió, sí que era una chica hermosa…. Sus ojos verdes sobre su piel apiñonada hacían un perfecto encaje, casi irreal… pero hermoso. Sin embargo, las fotos eran muchas veces incompetentes ante la realidad, incluso aún las mismas pinturas… bien lo sabía ella que estudiaba pintura. Sabía que una pintura o el dibujo de alguien lograban concentrar parte de la esencia de alguien, pero no había nada como los recuerdos que se guardaban en la mente.

 

Abrumada por la idea regresó la mirada hacia la puerta, allí estaba Andrea… sólo que ahora estaba acompañada del mismo chico con que la vio el otro día en el pasillo de la habitación de Sandra.

 

-Hola lindura… por fin te encontré, quise venir a ver cómo te había ido en tu primera clase.

-Lucas… gracias por venir, pero fue clase introductoria, aún no es la oficial; es algo así como clase de relleno.

-Pero fue clase. –la tomó de la cintura y la miró directo a los ojos.

-¿Te sientes bien?

-¿Bien? ¿Por qué lo dices?

-Te veo la mirada cansada.

-Ha, no es nada… Anoche hubo una pequeña reunión y nos desvelamos. –Lucas parpadeo un par de veces y cerró los ojos mientras recordaba lo bien que se lo había pasado la noche anterior; sobre todo con aquella chica. Abrió los ojos y se acercó a Andrea para besarla, esta sonrió y se acercó a los labios de él muy contenta.

 

Samantha seguía observando, no pudo con tal escena y regresó la vista al monitor. Ella se había prometido una y otra vez no meterse con chicas que tenían novio, al final siempre terminaba siendo parte del experimento de alguna chica curiosa; y ella no quería volver a pasar por ella.

 

-Disculpa, me voy a llevar este libro. –un chico llamó su atención y la hizo voltear.

-De acuerdo. –tomó el libro y la credencial; regresó al monitor, miró una vez más la foto de Andrea y cerró su perfil.