Andrea Princesa... Samantha Príncipe

Labio a Labio

Durante la clase de morfología Andrea pasó demasiado tiempo pensando en si debía llamar o no a Samantha, por una parte, ya habían quedado claras las intenciones de Samantha en aquella cena; pero por otra parte, también había quedado claro que se arrepentía, y que aquella invitación al cine no era más que una forma de disculparse. 

 

Su mirada hacía el pizarrón no tenía nada de intereses, pero no dejaba de mirarlo... Y aunque sus ojos seguían fijos en el pizarrón, su mente estaba en otro lugar.

 

-Andrea ¿Me podrías hablar acerca de la derivación de las palabras? -le preguntó el profesor, pero ella no respondió-. ¡Andrea! -gritó.

-¿Qué? -levantó la mirada asustada.

-Andrea... ¿Te encuentras bien? Sé que siempre te parecen mis clases aburridas, peo hoy... hasta parece que estas enamorada.

-¡No! Es sólo que no dormí muy bien anoche...

-Sí, supongo que esa fiestecita los hizo dormir noche... ¡Y eso va para todos! Piensan que nunca nos enteramos de los malos pasos en los que andan...

-Lo siento de verdad, no va a volver a suceder -interrumpió el regaño.

-Eso espero Andrea, eres una de las mejores alumnas que he tenido, no me decepciones.

 

<<"No me decepciones" ¡Que inspiradoras palabras! -pensó.>> Mientras tomaba sus cosas al terminar la clase, no sabía con exactitud porque esas palabras le hacían recordar que aquella invitación al cine también significaba un "No me decepciones". Después de un buen debate interno decidió que quizá ir al cine después de todo, no sería tan mala idea, incluso... hasta sería relajante.

 

Como ya había tomado la decisión, caminó hacia fuera del campus, se sentó en uno de los bancos desocupados  y comenzó a hablar sola.

 

-¿Y si le llamo mientras esta en una clase? -miró su brazo y observó el número marcado con lapicero que aún se encontraba claro y entendible-. ¿Qué es ese? ¿Un seis o un cero? ¿Y si me equivoco y le llamó a alguien más? -a pesar de ya haber decidido aceptar la invitación, inconscientemente trataba de buscar alguna excusa para evitar llamarle. Tomó aire, sacó su celular y comenzó a copiar el número en la pantalla telefónica. Justo antes de presionar el símbolo "Call" se tomó unos segundos, respiró hondo y finalmente lo presionó.

-¿Si? -fue la primera cosa que escuchó del otro lado auricular-. ¿Bueno? -volvió a escuchar y como sí de pronto se hubiese congelado su voz, tardo en contestar.

-Soy yo... An... Andrea -dijo lentamente.

-¡Andrea! ¡Qué bueno que llamas! ¿Siempre sí te animaste? -preguntó Andrea eufórica.

-Sí, ah... Creo que me caerían bien unas palomitas -respondió ya con un tono mejorado.

-¿Entonces...? ¿A qué hora te parece?

-No lo sé, supongo que eso depende del horario del cine ¿no?

-Claro, claro... Bueno, el más temprano es a las 6:15, luego 8:00 y si no más me equivoco...  ¡Espera! No... El de las 8:00 pm es la última.

-No creo poder llegar al de las 6:15... Aún tengo que hacer mi trabajo de morfología.... Y arreglarme.... Y...

-¿Arreglarte? -interrumpió-. Pero si no vamos a cenar, vamos al cine, además tú no necesitas arreglarte... Siempre te ves bien -aquello último le pareció tan incómodo a Andrea, pues una cosa era que un chico le hiciera cumplidos por cómo se veía, quizá también una chica cualquiera... Pero una chica lesbiana cambiaba en mucho las cosas.

-Bueno, pero aun así tengo que terminar mi trabajo... Mañana tengo su clase temprano y no quiero dejarla para mañana a las seis de la mañana.

-Como quieras... ¿Paso por ti a tu habitación?

-¡No! No... Yo te veo en la cafetería -dijo bruscamente pensando en que no quería que Sandra se enterará que saldría con Samantha.

-Bueno... Perfecto.

-¿Tendremos que tomar el autobús? Es que mi padre insiste en no darme auto hasta que sea lo suficiente madura como para pagar la gasolina -explicó Andrea para calcular la hora de verse.

-No es necesario, yo tengo auto y no creo que nos llevemos más de media hora en llegar al cine.

-Entonces a las 7:00 será.

-¡Claro! Nos vemos en la cafetería, cuídate.

 

Una vez que la llamada finalizó, sus nervios descendieron y de pronto la calma reapareció, no quiso al momento irse rápidamente, sino quedarse a pensar brevemente como habían llegado las cosas hasta ese punto. En su mente estaba la posibilidad de que quizá había sido ella la que había iniciado todo, ya que de alguna forma ella le había dado la oportunidad de pensar que lo que ella quería como amistad… quizá Samantha como otra cosa.

 

En fin, las cosas ya estaban mejor… Ahora tendría a una nueva amiga y debía hacerse a la idea de que a pesar que ella sólo tuviese una sana amistad con Samantha, la gente pensaría mil y un cosas… Eso era algo inevitable. Resignada y con la mirada en alto se dirigió simplemente a ir a terminar todo lo que tenía por hacer.

 

Cuando Samantha colgó, una sonrisa le iluminó el rostro y se sintió por segundos la mujer más feliz del mundo, sin embargo, debía tener claro que simplemente iba a ser una incitación al cine... Además ella le había prometido que no intentaría nada; y sus promesas las cumplía, aunque eso significara estallar por dentro y retener todo eso que sentía allí dentro.

 

A partir de allí ambas sintieron que las horas se convirtieron en minutos, pues así de rápido había llegado la hora de reunirse en la cafetería. Samantha se miró al espejo antes de irse, no sabía si debía optar por maquillaje o simplemente irse así, tal y como siempre. Andrea trató de vestirse lo más femenina, pues a su idea, así no pensarían que ella era lesbiana. Cada una tenía sus cosas para preocuparse, cada una tenía sus ideas y prejuicios… Y de alguna sabían que estaban exagerando un poco las cosas, incluso todavía más Andrea.

 

Mientras Samantha esperaba en la cafetería, se puso a imaginar cómo serían las cosas si esta fuese una primera cita real… “Sería perfecta… Y en lugar de un cine, sería un lujoso restaurante –se dijo así misma.”  Pocos minutos después logró mirar a lo lejos la silueta de una persona que se dirigía hacia ella, se trataba de Andrea. Esta venía con un hermoso vestido estampado, un par de zapatillas y el pelo ondulado. A pesar de traer aún la cintilla blanca en la ceja, la mejilla rojiza y los brazos tallados, ella se veía… Bueno, para Samantha aquello parecía irresistible, como para llegar y darle un beso entre aquella obscuridad… Sin embargo, sólo la miro e intentó no ser tan obvia.

 

-Hola… Andres –sonrió-, eres muy puntual.

-Samantha ¡ha! ¡Hola! –le saludo y le dio un beso algo incómodo y forzado en la mejilla.

-Bueno, será mejor que nos vayamos ahora o al menos que queramos perdernos la función.

-Sí, vámonos.

-Mi auto está en el estacionamiento trasero.

 

El camino de allí al estacionamiento no era tan largo como lo recordaba Andrea, alguna vez allí la había recogido Lucas para llevarla a su casa cuando olvidaba cosas… Pero el incómodo silencio no ayudaba en mucho, la distancia parecía tortúrale. Cuando llegaron por fin al estacionamiento, Andrea trató de pensar en cómo sería el auto de Samantha… Quizá algún auto grande, aparatoso o simplemente masculino; pero cuando Samantha la dirigió hacia un pequeño Mini Cooper rojo, sus expectativas simplemente desaparecieron.

 

-¡Dios! Este Mini Cooper… ¿Es tuyo? –le preguntó.

-Sí… Fue un regalo de mis padres cuando entre en la universidad.

-Es hermoso, yo siempre he querido uno… Pero mis padres no son muy adinerados que digamos, además cuando se enteraron que estudiaría letras…

-¿No querían que estudiaras letras? –le abrió la puerta y se encaminó hacia su asiento.

-No exactamente, sólo que estudiara una carrera más… Ya sabes… Donde peguen mejor.

-Bueno… ¿Sabes cuánto gana un buen escritor? –encendió el auto.

-Lo sé, pero yo era algo así como la esperanza… Bueno, soy la única.

-¿Eres hija única? –comenzó a manejar.

-Sí, tenía una hermana… Pero murió a los 18 años.

-Lo siento tanto…

-No importa, a veces pienso que mi hermana se lo buscó… Andaba en drogas y esas cosas.

-Y tu hermana… -esperó a que le respondiera.

-Valeria.

-Tú y Valeria ¿Eran unidas?

-Antes de que se metiera en esas cosas… Sí, pero después se volvió distante y… Ya no parecía ser mi hermana.

-Aun así lo siento.

 

El silencio se apoderó nuevamente del entorno, esta vez no por culpa de todo lo que pesaba respecto a ellas. El resto del camino (que no fue muy largo) ninguna de las dos dijo alguna palabra, Samantha pensó más de una vez en abrir una conversación, pero cuando se trataba de la familia… Y un caso en específico como ese… No era tan buena.

 

Al llegar al cine, ambas se bajaron y parecían que solamente se comunicaban con pequeñas sonrisas y gestos amables, pues parecía que las palabras no funcionaban del todo. El cine a esa hora parecía no estar tan lleno, así que para Andrea ese era un punto a su favor.

 

-Entonces… ¿Segura que quieres ver esa película? Porque podemos elegir otra.

-No, esa me parece bien… Me gustó la pequeña sinopsis que me contaste.

-Ok, voy por los boletos ¿te parece?

-Claro, yo iré por las palomitas ¿sí?

-Yo te invité, yo compro las palomitas –le replicó.

-¡No! tú invitas los boletos, yo las palomitas.

-Insisto… Y no quiero que intentes pararte frete a esa dulcería o me sentiré ofendida.

-Ok… No moveré ni un músculo.

-Perfecto –giró y caminó hacia la taquilla.

 

Mientras Andrea esperaba, observaba a Samantha a lo lejos; se preguntaba el motivo por el que la gente suponía que era lesbiana, no creía que fuese por su forma de vestir; ya que de alguna manera no era tan masculina como para etiquetarla de ese manera, “quizá… la habían visto alguna vez con otra chica, quizá era eso –pensó.” Cuando Samantha regresó, ya traía en las manos unas palomitas y un par de refrescos.

 

-No sé si te gusta el refresco, yo no soy muy aficionada pero cuando se trata del cine suelo hacer una excepción –le dijo mientras le entregaba un refresco y las palomitas.

-Está bien, no te preocupes… Pienso igual que tú –le sonrió.

-La sala es… la número cuatro –le señaló hacia unos pasillos.

-Entonces, vamos.

 

Ya las dos chicas en la sala indicada, buscaron el mejor lugar posible; no era difícil poder encontrar el asiento indicado, pues la mayoría estaban desocupados; sólo una pareja hasta el frente, uno que otro en medio y toda la parte trasera desocupada. Por tal razón ambas decidieron irse allí, ya que era la mejor vista. Aunque Samantha realmente lo hacía por tener la mejor vista, Andrea por su parte, tenía la intensión de ocupar ese lugar para tener la vista atenta en la entrada, ya que si veía a alguien conocido… Tendría tiempo para esconderse.

 

El tiempo de transición en el que apagan las luces, las dos chicas se miraban sonrientes por la idea de la película, Samantha tenía esa sensación de querer abrazarla, pero cada vez que lo pensaba tiraba la idea a lo más profundo de su ser; por su parte Andrea intentaba ser simplemente amable y nada más eso, pero por dentro sentía que los nervios le comían las entrañas. Cuando las luces se apagaron, Andrea dejo bajar toda su sonrisa en una mirada de preocupación mientras que Samantha simplemente se quedó en un tono serio.

 

Entre la obscuridad y el ruido, los nervios de Andrea se acrecentaron cada vez que tenía que meter la mano en el recipiente de las palomitas, y a pesar de la escasa luz que sólo provenía de la propia pantalla, trataba de dar pequeños vistazos para calcular cuando debía o no meter la mano. La película no contenía escenas sexuales o cosas así, eso a Andrea le hizo sentir más cómoda; pero esa comodidad se volvió algo tensa cuando en la películas se habló un pequeño fragmento de la homosexualidad.

 

Claramente sus ojos al ver aquello le hicieron recordar con quien y porque se encontraba en ese lugar, quiso mirar a Samantha para ver su expresión por aquel tema en la pantalla; pero desterró la idea al pensar que eso la haría parecer bastante obvia. Como logró escuchar que Samantha solo se rio de tal escena, Andrea supuso que más que embarazoso o acorde a la situación… Simplemente le parecía de lo más normal del mundo.

 

Casi a mitad de la película, también razonó porque al personaje de la pantalla le parecía absurdo pensar o criticar a la homosexualidad… Se suponía que ella siempre había deseado ser como aquella chica en la pantalla, ser una chica dedicada a lo que amaba, inteligente y profesional; así que por tal motivo, todo aquello no daba paso a ser una persona de mente cerrada. Se suponía que ella era un chica con ideas del siglo XXI, pero de eso ha llevarlo a la práctica tenía un gran punto de separación.

 

Mientras pensaba todo esto y sin darse cuenta, su mano ya se encontraba en las palomitas al mismo tiempo que Samantha, pero no pasaba nada, simplemente amabas metían la mano y sacaban palomitas. Esas ideas de las películas de enamorados en un cine le estaban haciendo pensar cosas de más cosas de las que debía a Andrea. Cuando notó lo de las palomitas, simplemente se contuvo y decidió al fin relajarse, que nada iba a pasar aquella noche y por lo tanto, dejara por fin de preocuparse por todas esas cosas.

 

“¿Y si realmente le gustaba Samantha? –le llegó a su cabeza-. Por eso era que le preocupaba tanto, porque si no fuera así, no estaría pensándose tanto las cosas –se volvió a replantear-. ¡No! eso no, no me gustan las chicas.” Cuando su cabeza parecía haber asimilado todo, surgieron de nuevo en su cabeza un sinfín de preguntas.

 

Andrea ya no sabía si volverse loca o salir corriendo, no sabía porque pensaba en todo eso y eso le hacía enojarse consigo misma. Giró la cabeza ligeramente hacia a Samantha y comenzó inconscientemente a observarla mientras se seguía preguntando cosas. Samantha a pesar que estaba poniendo toda su atención en la película, para tratar de olvidar todos aquellos sentimientos y actos que deseaba hacer, sintió la mirada de Andrea sobre ella. Al momento no quiso voltear, pues pensó que en cuestión de segundos le dejaría de ver.

 

Su sorpresa fue cuando aquella mirada se extendió más de lo que había imaginado, giró el rostro imaginando que esta voltearía por instinto, sin embargo no lo hizo y las dos quedaron mirándose frente a frente. Las cosas se estaban poniendo muy raras, primero Andrea intentaba por más que pudiera no hacer contacto a los ojos con ella… Y ahora la miraba como si no estuviese pensando en otra cosa.

 

Andrea en su mundo actual, parecía haberse perdido y separado del mundo real; a pesar que Samantha estaba frente a ella, no podía voltear hacia otro lado, realmente era una chica guapa, pero había algo más en Samantha que le estaba volviendo loca; a su mente se vinieron los recuerdos de todos aquellos poemas, de pronto… de pronto su corazón empezó a acelerarse, los nervios regresaron y manos comenzaron a sudar.

 

Samantha notó como la expresión de Andrea se tornaba un tanto distinta, incluso su cuerpo parecía estar temblando y podría jurar que su ceja izquierda, aún y con la cintilla, se estaba elevando ligeramente. Aquel parecía el mejor momento para darle un beso, pero se recordaba que le había prometido no hacer nada con respecto al tema, sin embargo, aquí la que estaba incitándola descaradamente era Andrea, porque en ningún momento dejaba de mirarle y eso ponía las cosas en un contexto bastante incitante.

 

Con miedo a arruinarlo todo, Samantha comenzó a acercar su cabeza hacia la en frente; al ver que Andrea no hacía nada más, prosiguió acercándose lentamente. Andrea seguía inmóvil, su mente ya se había puesto en blanco, raramente después de estar al punto del colapso. Samantha se siguió acercando muy precautiva, al mismo tiempo incluso hasta Andrea comenzó a hacer lo mismo, sólo que mucho más lento.

 

Cuando parecían ya estar a uno cuantos centímetros, Samantha recordó lo de la cena, que como al estar así de cerca… Andrea había salido corriendo, así que trató de hacerse a la idea que quizá hoy aquello volvería a repetirse. Aún y con los recuerdos del evento anterior, Samantha y Andrea sabían que las cosas ahora eran un tanto diferente, no porque el contexto de estar en un cine hiciera le diferencia, sino porque aquella intensión de un primer beso se veía más cerca y más real conforme pasaban los segundos.

 

El tiempo pareció congelarse, el ligero frio del cine comenzó a desaparecer y todo el ruido se convirtió en silencio. Samantha se acercó todavía más que la vez anterior, aún tenía la idea de ser rechazada a pesar de los escasos milímetros que había entre ellas… Pero arriesgándose, puso sus labios ligeramente rozando los de Andrea, esta parecía hacer las cosas en modo automático; sentía claramente que había perdido el control sobre sí y que a pesar de estar consiente de tener los labios de Samantha rozando los suyos, ya era muy tarde para retroceder y dar marcha atrás.

 

La respiración de Samantha se podía sentir muy clara sobre los labios de Andrea, de la misma manera Samantha sentía como su dulce aliento acariciaba las puntas de sus labios. Permanecieron en esa posición por un par de segundos más, y quien decidió dar el primer paso, fue esta vez Andrea; quien empezó a abrir sus labios al mismo tiempo que los juntaba con los de Samantha, de tal manera que ambos parecían estar abriéndose al mismo tiempo.

 

Los ojos de Andrea comenzaron a cerrarse conforme sus cabezas se inclinaban preparando aquel cálido beso, Samantha comenzó a hacer lo mismo; sabiendo ahora que si Andrea había iniciado, sería imposible que la rechazara. Incluso antes de comenzar el beso, las dos se quedaron una vez más sin movimiento, Samantha subió su mano lentamente hacia el brazo de Andrea, comenzó a deslizarlo ligeramente sobre esta hasta llegar y tocar su mejilla tal y como lo había hecho la vez anterior.

 

Andrea sentía como su cuerpo paralizado era cubierto por una suave sensación de bienestar al tener lo mano de Samantha sobre su mejilla. Esta finalmente empujo sus labios hacia los de Andrea dejando labio a labio completamente juntos. Ante esto, con sus manos subieron hacia las mejillas de Samantha tomando su rostro, esta puso su otra mano sobre cuello y finalmente Andrea jaló el rostro de Samantha hacia ella.

 

Aquí fue cuando el beso comenzó a tomar forma, amabas comenzaron a abrir y cerrar la boca para darle vida; en ningún momento Samantha intentó hacer algo con su lengua, quería que este fuese un beso especial y sin lujuria de por medio, pero su idea fue interrumpida cuando la lengua de Andrea comenzó a introducirse ligeramente cada vez que abrían sus bocas. Ante esto, Samantha decidió dejar atrás la idea de cómo tendría que ser un beso, un beso siempre iba a ser diferente y fuese con lengua o no, estaba besando a la persona que quería.

 

Las puntas de las lenguas comenzaron a unirse cada vez más seguido, finalmente Andrea terminó introduciéndola completamente en su boca y los besos se volvieron cada vez más apasionados, cada vez más fuertes e incluso más atrevidos. Las manos de Andrea cada vez jalaban más el rostro de Samantha y esta respondía haciendo más presión sobre sus labios. Aquel momento era precisamente lo que tanto había soñado Samantha, hasta parecía que no era real.

 

De pronto las luces de la sala se encendieron, la película ya había terminado. Ninguna de las dos había dado por contado como el tiempo se había ido tan rápido desde que habían iniciado aquella escena bajo la obscuridad. Una vez las luces encendidas, Andrea se separó brusca y rápidamente de Samantha sorprendida por el cambio tan brusco de la oscuridad a la luz.

 

Miró hacia Samantha y como si de pronto la razón regresara, no le cabía en su mente lo que había acabado de hacer; giró la cabeza hacia la pantalla y posteriormente su cuerpo. Se recargó sobre el asiento y se quedó mirando la pantalla en negro. Como si estuviera en shock tan sólo sé quedo allí y no hizo absolutamente nada más que elevar su ceja izquierda. “¿Qué…acabo…de…hacer? –retumbó en su mente.”